Boeing Netflix

Sin saber que se venía un documental en Netflix sobre el tema de los dos desastres aéreos del Boeing 737 MAX, en enero recomendé un programa de Frontline sobre el tema.

Y hace unas dos semanas vi que Netflix subió «The Downfall», un documental que narra la cadena de hechos que terminaron en cientos de muertos en dos accidentes aéreos a partir de serios defectos de diseño en el 737 MAX.

Dos miradas

Hay diferencias interesantes entre ambos productos periodísticos, y por eso ambos se complementan. De hecho, recomiendo realmente ver los dos, en tanto sus enfoques tienen diferencias interesantes. Lo que los iguala es la explicación sobre los dos desastres aéreos a partir del uso del MCAS, un software que debía corregir la posición del avión cuando, debido a colocar motores más potentes en un diseño de más de 40 años, este levantara mucho la nariz y pudiera terminar estrellándose.

Boeing 737 max 8

El documental de Netflix hace foco en el proceso de deterioro de Boeing, que comenzó a prestarle cada vez más atención al valor de las acciones que a la seguridad del diseño de sus aviones. Cuando Airbus lanzó el A320 Neo entraron en pánico, porque no tenían ningún modelo que pudiera competir contra un avión mediano y enfocado en la eficiencia en el consumo de combustible -algo que importa a las aerolíneas porque es ahí donde más dinero gastan. Y en lugar de tomarse el tiempo necesario para desarrollar un nuevo modelo con condiciones de seguridad apropiadas, reutilizaron un diseño de 40 años y decidieron corregir sus problemas vía software, con los desastrosos resultados conocidos.

Otro punto que marca el documental de Netflix es la atención a las historias personales y al componente emotivo aportado por familiares de las víctimas. En particular porque permite dejar en claro la nula empatía que Boeing mostró hacia ellos, por un lado. Por otro, porque la empresa intentó tras cada una de las tragedias culpar a los pilotos por lo sucedido.

Pero hay una diferencia interesante entre ambos productos. Frontline marca como las autoridades regulatorias estadounidenses nunca hicieron un buen trabajo de supervisión de la certificación del nuevo avión. Debido a los sucesivos recortes de su presupuesto, la Federal Aviation Administration (FAA) terminó dando a Boeing el control del proceso de aprobación. En el documental de Netflix la FAA es una víctima de la manipulación de Boeing. Pero en el planteo de Frontline podemos hablar de un planteo más estructural: la FAA no tenía la capacidad financiera y de personal suficiente como para hacer bien su trabajo. No fue sólo un engaño puntual.

Como el documental de Netflix es posterior, aparece allí el epílogo de este desastre: Boeing acordó pagar 2500 millones de dólares en compensaciones y por ello evitó la prosecución criminal posterior. De ese monto la mayor parte se la llevaron las aerolíneas para compensar ingresos no percibidos por todo el tiempo -casi dos años- que los 737 MAX estuvieron en tierra. 500 millones fueron a fondos destinados a compensar a las familias de las 346 víctimas.

«La caída de Boeing» está en Netflix.

«Boeing’s Fatal Flaw» de Frontline está en YouTube. Por desgracia por ahora sólo está con subtítulos en inglés.

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