Turismo y autenticidad: China y el caso Lijiang

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En El selfie del mundo Marco d’Eramo dedica un capítulo a analizar el tema de la autenticidad en el turismo a partir del caso de la localidad tibetana de Lijiang. En 1997 un terremoto de 7.0 en la escala de Richter prácticamente la destruyó. Pocas edificaciones quedaron en pie; apenas algunas de las casas más antiguas, de madera, se mantuvieron en pie, aunque con serios daños. Y lo que en principio fue un desastre para los 10 mil habitantes se constituyó en la oportunidad de armar un enorme emprendimiento turístico.

Desde Beijing el plan fue transformar a Lijiang en una ciudad que atrayera un gran número de turistas. Para comenzar, construyó un aeropuerto, algo bastante inusual para una pequeña ciudad de 10 mil habitantes, y que ni siquiera tenía conectividad via ferrocarril. Vía carretera la ciudad más grande estaba a dos días y medio de viaje. Recién en 2009 llegaron el ferrocarril y una nueva carretera.

Un año después del terremoto, Unesco declaró a la ciudad vieja de Lijiang como patrimonio histórico de la humanidad. Bueno, lo que había quedado de la ciudad vieja. Pero la etiqueta Unesco dio acceso a créditos del Banco Mundial, y la localidad fue restaurada. Se construyeron «casas tradicionales familiares» en el exterior, pero que por dentro eran básicamente unidades modernas. Junto con ello se modernizaron las infraestructuras de electricidad, agua y comunicaciones.

Uno de los puntos interesantes fue la reconstrucción de la «Fortaleza de Mu», hoy uno de los atractivos de Lijiang. Lo de «reconstrucción» es bastante generoso. En realidad la fortaleza fue destruida por completo en u terremoto en el siglo XIX. La zona fue ocupada por viviendas, hasta que a fines del siglo XX se la volvió a construir de cero. De hecho, cita d’Eramo, la guía Lonely Planet de 1994 ni siquiera menciona a la fortaleza. Simplemente porque no existía en ese momento.

¿Y que tal funcionó la reconstrucción de la localidad con respecto al mercado turístico? Nada mal. En 1990 tuvieron 90 mil turistas en todo el año. En 2002, casi cuatro millones. En 2013, casi 21 millones. Para ponerlo en perspectiva, Las Vegas tiene algo más de 40 millones de turistas por año.

Semejante éxito a atraído a la ciudad a muchos nuevos habitantes, mientras los residentes locales, los naxi, pierden cada vez más presencia. Salvo en las referencias patrimoniales, claro. Al fin y al cabo, la ciudad vieja, reconstruida, hace referencia constante a la cultura tradicional del lugar. O al menos eso dicen.

d’Eramo retoma aquí el concepto de marcadores de Dean Maccannell. Básicamente, se trata de la información que acompaña y da sentido a la visita a un lugar turístico. Lo que hace auténtico a Lijiang es que la interpretación que acompaña a las edificaciones «reconstruidas» las contextualizan en el marco de la cultura tradicional tibetana. No es sólo lo que se ve; es lo que significa de acuerdo a lo que sabemos, o creemos saber, del lugar.

Y otro tema interesante que introduce el autor. En China la relación con el pasado, en particular en el caso del patrimonio, es muy diferente al cánon occidental. El pasado se puede rastrear en múltiples aspectos de las prácticas culturales, pero no hay muchos edificios que se remonten sin cambios a la antigüedad. d’Eramo cita el caso de la Muralla China, que en las zonas cercanas a Beijing ha sido reconstruida de tal manera que hasta se pueden encontrar accesos por ascensor. Para el turista chino, sostiene el autor, que la Fortaleza de Mu haya sido reconstruida por completo no le quita nada de autenticidad. Es, de todos, una «hipótesis arriesgada», como sostiene el autor.

Le dediqué otras dos entradas a El selfie del mundo: Una investigación sobre la era del turismo, de Marco d’Eramo -se pueden ver aquí y aquí. La foto de Lijiang que abre la entrada es de Sokoudom Ung. La segunda imagen es de Marc-Olivier Jodoin. El libro fue editado hace algunos meses por la editorial Anagrama.

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