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Uber y el fin del sueño del Amazon de la movilidad

Para quienes vivimos en el sur del mundo, Uber está únicamente identificado con los autos de alquiler. Encima, cuando abrieron una segunda línea de negocios con UberEats y el envío de comida no les fue demasiado bien. De América Latina ya se fueron, cuando pocas semanas atrás cerraron las operaciones que quedaban en Argentina y Colombia. Pero en Estados Unidos Uber lejos estaba de limitarse sólo a los autos de alquiler. La idea de uno de sus fundadores y durante varios años CEO Travis Kalanick era que la empresa se convirtiera en una especie de Amazon de la movilidad. Y para ello desarrolló varias líneas de negocios, como los autos autónomos, los taxis aéreos y los camiones, entre otras propuestas. Esa idea no sobrevivió demasiado tiempo a su renuncia a la compañía, y en estos días Uber terminó de deshacerse de varias de esas unidades de negocios con la venta de las divisiones de autos autónomos y de taxis aéreos.

El Amazon de la movilidad

Uber es una empresa que siempre tuvo una política de «hechos consumados». Comenzaban a operar en las ciudades sin contar con autorizaciones, y provocaban grandes disrupciones en el mercado de autos de alquiler y taxis. Obviamente esa política no le gustaba nada a los reguladores y licenciatarios de taxis, pero la compañía con el paso del tiempo terminó incorporándose a las opciones habituales. A eso hay que sumar, como cuentan en Super Pumped, la muy recomendable historia de Uber escrita por Mike Isaac, que la compañía tuvo todo tipo de conductas abiertamente ilegales, como escuchar a sus conductores para saber si también trabajaban para la competencia o bloquear el pedido de autos en cuentas que eran asociadas con inspectores o reguladores de la ciudad. Kalanick tuvo que dejar Uber luego de una serie de escándalos de acoso sexual a empleadas.

person holding smartphone

Pero Travis Kalanick también tenía una enormes ambiciones para Uber, y era llevarlo a todo tipo de movilidad. Uno de sus pasos más arriesgados era comenzar una unidad de autos autónomos, bajo el nombre de Otto, y otra de camiones autónomos, Uber Freight. Pero para arrancar con el desarrollo a la empresa se pasaron algunos ex Google, como Anthony Levandowski, que ya había iniciado sus investigaciones para autos autónomos en Waymo, el spin off del buscador. A Larry Page, uno de los fundadores de Google, la movida no les gustó nada, y comenzaron a reunir información para demostrar que en realidad Levandowski estaba usando en Uber desarrollos tecnológicos que pertenecían a Waymo. Levandowski terminó recibiendo una condena de 18 meses y una condena para resarcir a Waymo por 179 millones de dólares. Uber se comprometió a no usar nada de ese conocimiento secreto de Google.

La unidad de autos autónomos se terminó transformando en todo un problema para Uber, y finalmente en estos días decidieron cambiar de dirección. La unidad pasó a otra compañía, Aurora, donde Uber invertirá 400 millones de dólares. Aurora, por cierto, tiene otra estrategia. No va a construir autos autónomos. Va a desarrollar el software que va a vender a las automotrices.

El otro desarrollo ambicioso de la era Kalanick, Uber Elevate, la unidad de taxis aéreos, también se vendió esta semana. La adquirió Joby Aviation, que tiene planificado lanzar el servicio en 2023, y que va a usar la aplicación de Uber para la reserva de sus servicios.

Por ahora queda en pie Uber Freight, la unidad de camiones, aunque con la política que viene desarrollando Uber, no sería raro que tengamos novedades de venta en algún tiempo.

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