¿Qué tan seguro es volar?

Pantallas en aviones

El mercado aéreo ha comenzado a reactivarse lentamente tras el masivo cierre de fronteras de marzo. Aunque en crecimiento, la cantidad de vuelos todavía es sustancialmente menor a la de comienzos de año, y las mismas aerolíneas no esperan que el volumen de 2019 se recupere hasta por lo menos 2024. La pregunta, para los pasajeros, es que tan seguro es volar en la actualidad.

El principal temor de muchos tiene que ver con pasar un buen número de horas en un espacio cerrado con muchas personas. Hasta ahora, las aerolíneas y las agencias reguladoras han enfatizado que volar es bastante seguro. Los aviones, en particular los más nuevos, cuentan con filtros de aire que renuevan la cabina cada pocos minutos, y que hacen que la transmisión por aire sea mucho menos probable. Y ya sabemos que la principal vía de contagio del virus es vía los aerosoles que emitimos al hablar, respirar o estornudar. Desde ya, el riesgo de volar baja más si tenemos en cuenta que los pasajeros deben usar tapabocas de manera obligatoria todo el vuelo, y sólo pueden quitarse para comer. Y por pocos minutos. Otro tema: el tiempo que el avión se encuentra detenido en la manga o la pista antes de despegar. Durante ese tiempo e aire se renueva menos que en vuelo. Es clave reducir todo lo posible ese tiempo de espera. Y en ese punto puede ayudar que los pasajeros suban con un mínimo equipaje para no perder tiempo acomodando cosas en los compartimentos superiores.

worm's eye view of airplane passing by buildings
Foto por IRVING MARTINEZ en Unsplash

Sin embargo, hablamos de un entorno «bastante seguro» al volar. Hay posibilidades de contraer el coronavirus como en casos como los que cuenta The New York Times. Un pasajero de un vuelo Dubai-Nueva Zelanda subió al vuelo con un test negativo, pero en realidad estaba cursando la etapa inicial del contagio. Los 86 pasajeros terminaron aislados. 7 de ellos infectados. 6 con una cepa idéntica a la de la persona contagiada. Todos se encontraban a una distancia de no más de 4 filas entre sí.

Entonces, aparece otro tema clave: la detección de posibles infectados. La industria turística necesita apurar el nivel de actividad para poder volver a ser rentable, pero si eso significa disminuir el nivel de control de los pasajeros el resultado va a terminar siendo muy malo. Por ahora, lo que se va imponiendo en muchos destinos es el PCR negativo como exigencia más usual, más un seguro médico que cubra coronavirus. Otras medidas más estrictas, como cuarentenas, sólo se están aplicando en lugares donde la cantidad de contagios es muy alta.

La distancia social

Otro gran tema es la distancia social. Ahí aparecen varios puntos importantes en el proceso previo de abordaje en los aeropuertos. Muchas de las costumbres conocidas, como hacer fila antes de subir o el amontonamiento en las puerta de entrada del avión -o los micros llenos cuando no hay manga disponible en el aeropuerto- ya no tienen cabida en el nuevo panorama de seguridad. A medida que haya más vuelos vamos a comenzar a ver más demoras en el proceso de abordaje. Habrá que ser pacientes, porque disminuir los niveles de seguridad sería un enorme error.

Dentro del avión el tema de la distancia social ya salió de debate. Aunque en los primeros meses las aerolíneas no ocuparon el asiento del medio para mayor seguridad -y también porque la demanda era tan baja que no había como llenarlos- pero con el correr del tiempo los fueron rehabilitando. Las aerolíneas señalan que es económicamente inviable no usar los asientos del medio. Los pasajes deberían subir mucho para compensar la menor ocupación, y eso afectaría una demanda aún débil de pasajes. ¿Pero no sería más seguro viajar con menos gente en la cabina? Desde ya lo sería. Pero las empresas difícilmente serían comercialmente viables. Y como ssabemos, los aerolíneas llevan años haciendo los asientos cada vez más pequeños y situados a la menor distancia posible, un escenario pensado para facturar pero que en la actualidad aumenta los problemas.

Por cierto, el proceso de descenso del avión también debe ser más estricto. Quieran o no, los pasajeros deberán acostumbrarse a permanecer en los asientos hasta que la tripulación vaya ordenando el descenso. Amontonarse en los pasillos ya no es una opción.

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