La corta vida en agenda de las burbujas turísticas

Allá por mayo se hablaba bastante sobre la posibilidad de crear «burbujas turísticas» entre distintos países con baja tasa de contagios. De esa manera se podría reactivar parcialmente el turismo, con un riesgo relativamente bajo para la salud pública. Pero con el correr de las semanas cada vez se hablaba menos de las burbujas turísticas. La razón era bastante simple: ninguna entró en funcionamiento. Pero eso podría cambiar en pocos días.

En su momento los dos principales candidatos a negociar una burbuja turística eran Australia y Nueva Zelanda. Ambos países tenían una tasa de contagios que aparecía bastante controlada -aunque Nueva Zelanda mostraba mejores resultados- y el intercambio turístico entre ambas naciones era muy importante. Los australianos, por ejemplo, eran el 40% de los visitantes internacionales de Nueva Zelanda; y los neozelandeses, el 24% de los arribos desde el extranjero en Australia.

Y finalmente serán estos dos países los que pondrán en marcha una burbuja turística muy limitada. Los neozelandeses podrán viajar a zonas específicas de Australia -Nueva Gales del Sur, por ejemplo- siempre y cuando las condiciones no cambien en su país en el tema contagios. Pero la burbuja será sólo en un sentido: los australianos por ahora no podrán viajar a Nueva Zelanda por la mayor cantidad de casos en su país.

shallow focus photography of bubbles
Foto por Feliphe Schiarolli en Unsplash

No es precisamente lo que se esperaba de la instalación de una burbuja turística. Una apertura tan limitada es, desde ya, mejor que nada para la industria turística. Pero el impacto de la decisión va a ser realmente acotado. Y marca los problemas de las reaperturas del turismo, que se siguen dando de manera muy lenta y gradual en todo el mundo como parte de una política destinada a reducir todo lo posible el número de contagios.

Allá por mayo se mencionaba a Vietnam y Tailandia como otros dos países que podían negociar una burbuja turística gracias a su baja cantidad de casos. Pero ambas naciones mantienen por ahora sus vuelos internacionales cerrados y los contagios bajo control.

Y no parece que el modelo tenga muchas posibilidades de generalizarse. Muchos países exhiben tasas bastante irregulares de contagios, e incluso en las naciones europeas ahora se pasa por una fase conocida como «segunda ola». Frente a ello, negociar acuerdos bilaterales a mediano plazo con condiciones tan cambiantes no aparece como demasiado práctico. Así que no parece que podamos esperar muchas novedades de las burbujas turísticas en el futuro cercano.

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