Japón, Fukushima y el turismo oscuro

Tokio, Japón

Hace algunos meses Netflix lanzó una docuserie llamada «Dark Tourist», que en español simplemente se conoce como «El otro turismo». Allí, el periodista David Farrell recorre distintos lugares donde los turistas visitan sitios ligados con tragedias, festividades ligadas con la violencia o donde se viven experiencias bastante poco usuales. En el segundo capítulo de Dark Tourist Farrell visita Japón, y la mayor parte del episodio está dedicado a un recorrido por la zona afectada por el desastre causado por la explosión en la central nuclear de Daiichi, en Fukushima. Luego del terremoto de 2011, un enorme tsunami afectó la zona, y la planta nuclear, que estaba entre las 25 más poderosas del planeta, tuvo una serie de explosiones y contaminó las zonas circundantes con una alta radiación. La población cercana debió ser evacuada y muchas poblaciones quedaron vacías, y así siguen en la actualidad. Hay enormes montañas de tierra contaminada en bolsas, que en algún momento deberán ser trasladadas a otro lugar.

Obviamente, no cualquier turista está interesado en visitar esa zona. Pero hay tours para recorrer las zonas habilitadas, ya que el gobierno japonés está interesado en que la población comience a volver a la zona. Por ahora los antiguos habitantes no parecen muy interesados, y en el programa de Farrell queda bastante claro porqué.

Fushimi Inari Taisha

A lo largo de ese tour por los alrededores de Fukushima, los turistas pueden medir la radiación en la zona, y comprueban que algunas partes tienen niveles mucho más altos que los actuales en Chernobyl. No parece ser un recorrido muy seguro, y finalmente los turistas le piden al guía terminar el tour antes de tiempo y salir de la zona de Fukushima. Por cierto, algunas zonas puntuales, aún bajo limpieza o muy cercanas al reactor están cerradas y la entrada, prohibida. El gobierno japonés la nombra con el elegante eufemismo de «zonas de difícil retorno».

¿A qué viene todo esto? A que el gobierno japonés ya está impulsando de manera más abierta el turismo en la zona, a partir de la generación de nuevos emprendimientos y mayor promoción en la prensa y redes sociales. Lo hace a partir de un punto: sólo el 2,8% de la superficie de Fukushima está cerrada al acceso público, y la mayor parte de la prefectura es rural y de muy lindos paisajes. La zona, además, atrae pocos turistas internacionales a pesar de estar a no más de una hora y media en tren de alta velocidad desde Tokio.

El problema, a partir de la docuserie de Farrell, es que se puede observar como zonas que en principio son de acceso público también tienen niveles de radiación bastante elevados. Y que algunas de las zonas interesantes de la prefectura no están tan alejadas del reactor.

Desde ya, si Fukushima sólo logra atraer a turistas en busca de experiencias inusuales va a ser complicado que pueda sostener el negocio turístico. Porque los turistas oscuros son un nicho interesante, pero nicho al fin. Al redes de los viajeros los van a tener que convencer de la seguridad de la zona, y eso sí va a ser un camino bastante largo.

Por cierto, no visité la zona, así que las fotos que ilustran la entrada son imágenes que tomé en Tokio y Kioto en el viaje de 2016.

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