Castillo de Buda, Budapest

“Facilitada por un almacenamiento sencillo y barato, formatos estandarizados de base de datos y maduración de la infraestructura de interconexión de la información, la eficiencia con que hoy es posible movilizar la información no tiene precedente. Posee escaso sentido que la información se ubique en un punto fijo. Ni atada ni limitada por su ubicación geográfica, la información recolectada en un sitio puede transmitirse fluidamente a otro, ya sea registro por registro o en masa. La movilidad de la información, sin embargo, no está en función del hardware y software de red, sino también del entusiasta incremento en la adopción y uso de redes por actores sociales e institucionales. A menos que optemos por no hacer contactos -para participar socialmente en una forma u otra-, el oscurecimiento no puede alcanzarse por reubicación. La información en formato electrónico digital no sólo se esparce en múltiples puntos, sino que también es accesible desde múltiples puntos. La red de información resulta completa, científica y precisa; los datos de quiénes somos y qué hemos hecho nos siguen a todas partes, y a veces incluso nos preceden” (Nissembaum, 2010:55).

En los últimos años, una de las tendencias más obvias que se ha dado en la Web es la consolidación de las redes sociales y servicios que buscan obtener de los usuarios una serie creciente de datos. Esos datos luego son usados para personalizar la experiencia de uso, pero fundamentalmente tienen importancia a la hora del marketing. Por ejemplo, permite segmentar enormes bases de datos por preferencias y gustos, conocer tendencias en tiempo real y mucho más. La recopilación masiva de datos (“big data”) puede ser abordada desde varios puntos. Uno más que relevante es el de la privacidad, en particular para los usuarios, algo que puede hacerse desde el diagnóstico de Nissembaum que abre esta entrada -su libro es muy recomendable para analizar esas relaciones entre tecnologías de la información, “big data” y datavigilancia.

Pero en esta entrada me interesa más analizar la evolución de las aplicaciones móviles para viajes en el último año. Muchas de ellas han tomado debida nota de las estrategias de vincular contenido con el análisis de tendencias, algo que necesita crear una mayor interacción con los usuarios. Para plantearlo de manera simple: una aplicación móvil para un destino no puede ser sólo un espacio de contenidos; también tiene que permitir obtener información sobre el tipo de consumos y recorridos de los turistas que visitan un destino. Información que luego será usada para mejorar contenidos en determinados sitios, seguir el éxito de determinadas iniciativas de marketing y descubrir nuevos patrones de consumo de los turistas. Algo que ya vienen haciendo varias empresas en el mercado de aplicaciones de viajes para dispositivos móviles, como los casos de TripAdvisor, AirBNB, Triposo, Gogobot, y la lista sigue.

La vinculación entre contenido y consumo por parte de los usuarios ya no puede ser vista como espacios separados, al menos si seguimos las tendencias marcadas por muchas aplicaciones para dispositivos móviles. La clave pasa por el consumo de contenidos en tiempo real en el lugar que visitamos, un espacio donde esas aplicaciones adquieren hoy una ventaja muy importante sobre los sitios Web mayormente visitados desde PCs y antes de viajar. No se trata, en todo caso, de la búsqueda de información global sobre un destino; más bien, el uso de estas aplicaciones procura resolver dudas e intereses puntuales, desde encontrar restaurantes en la zona hasta completar ciertos recorridos por una ciudad.

En una entrada anterior de este blog (“Viaje, estrategias de promoción y tiempo real: sobre los usos turísticos de Twitter e Instagram“), planteaba que por ahora no ha habido un uso demasiado innovador de plataformas de publicación como Twitter e Instagram para promover destinos. Hoy el proceso de innovación pasa más bien por esas aplicaciones de viaje que están vinculando activamente contenidos, difusión y datamining / búsqueda de tendencias. Para nuestra desgracia, esa construcción de conocimiento sobre destinos tiene al menos dos problemas: se hace sobre plataformas propietarias y sometidas a cambiantes reglas de acceso; y sobre la base de una relación cada vez más estrecha de esquemas de datavigilancia y la creación de perfiles de usuarios y viajeros.

Por ahora, las aplicaciones oficiales de los destinos más bien están concentradas en los contenidos. Pero no va a pasar mucho tiempo antes que comiencen a evolucionar hacia estrategias de vinculación de contenidos con relevamiento de los usos por parte de los usuarios. En algún punto es hasta un movimiento defensivo: si no lo hacen ellos, lo terminará haciendo alguna de las muchas aplicaciones de viajes para dispositivos móviles que hoy se disputan el mercado. Movimiento defensivo que se extiende también a otras empresas; no por nada en los últimos tiempos Google y Facebook se la pasan haciendo lanzamientos para el mercado de los dispositivos móviles.

Bibliografía

Nissembaum, Helen (2010) Privacidad amenazada. Tecnología, política y la integridad de la vida social. México, Océano, 2012.

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