Turismo y pandemia: de las cuarentenas a las nuevas variantes

Estas últimas semanas han sido de las más complejas en la crisis global motivada por el covid-19. Por el laso positivo, comenzaron las vacunaciones en un buen número de países, un proceso que seguramente se va a extender durante todo este año -y en el caso de las naciones más pobres ni siquiera se sabe cuando arranca. También arrancaron las conversaciones para definir la existencia de una obligatoriedad de una vacuna entre los viajeros -como ya existe en muchos países con deteminadas epidemias, como la malaria. El turismo necesita de una estandarización de las exigencias de viaje, aunque habrá que ver quienes estarán a cargo de certificar que vacunas serán aceptadas en esta certificación global.

Pero el lado negativo trajo novedades muy complejas, que marcan que la crisis del coronavirus se va a extender por un buen tiempo. Estados Unidos cambió de gobierno y de política. De no pedir nada pasaron a test PCR negativo y cuarentena obligatoria de 7 días para todos los que lleguen desde el exterior. Como ya vimos con el tema de Tailandia y las burbujas turísticas, las propuestas turísticas con cuarentena incluido suelen ser inviables. Y de eso parece tratarse este caso: Estados Unidos ha optado por restringir los flujos globales de viajeros mientras apura la vacunación y busca controlar una situación epidemiológica desastrosa.

Atardecer en New York

Estas restricciones de Estados Unidos, como la cuarentena, están motivadas además por las mismas razones por las que muchos otros países han comenzado a cerrar nuevamente sus fronteras o restringir la llegada de viajeros desde ciertos lugares: la aparición de nuevas cepas, más contagiosas -y probablemente más letales también. Para complicar el panorama, algunas variantes -la sudafricana. en particular- podrían disminuir la respuesta inmune al virus. ¿Podría pasar que alguna futura variante pueda evolucionar de tal manera de esquivar la inmunidad inducida por las actuales vacunas? Sí, pero en general se espera que algo así tome años en pasar. Aunque, como todo con esta pandemia, este tipo de afirmaciones pueden ser sometidas muy rápidamente a nuevos escenarios.

Lo más preocupante de la situación es que todo intento de «normalizar» al menos parcialmente el mercado de viajes ha chocado en los últimos meses con todo tipo de dificultades: nuevas cepas, falta de demanda, fragmentación de los requisitos de viaje y la siempre permanente posibilidad de que un viaje planificado deba ser suspendido, cancelado o movido a una nueva fecha. Lo vimos en múltiples situaciones, desde el fracaso de la temporada de verano en Europa hasta la inviabilidad de las burbujas turísticas como la de Tailandia. Es un clima de incertidumbre que ya está por cumplir un año, y que no tiene mayores signos de cambiar al menos en los próximos meses.

Las próximas semanas van a estar marcadas por estos dos lados de la pandemia: las noticias positivas -más vacunados y avances en la estandarización de la documentación de viajes- y las negativas -nuevas cepas, cuarentenas, cierres de fronteras y mayor control del flujo de viajeros internacionales. Sigue siendo un escenario marcada por la incertidumbre y por el dominio de la agenda de la salud pública sobre el resto de las actividades, como por ejemplo el turismo. Un escenario que sigue sin parecerse a aquel que permitió que el turismo se transformara en una de las mayores actividades económicas del mundo.

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