Turismo y las narrativas del riesgo

En la entrada anterior hablamos sobre las tensiones entre la insistencia en la personalización de la oferta en el turismo y la necesidad de que amplios sectores del viaje operen bajo un modelo de explotación intensiva del espacio. Por ejemplo el transporte. Frente a la paralización casi total del turismo, la pregunta era si no habíamos ido demasiado lejos con la insistencia en la hiperpersonalización del viaje y el modelo de las «experiencias» casi como la única manera de vender productos turísticos.

Y ahora vamos a concentrarnos en otra de las tensiones: la ligada a las narrativas sobre el riesgo en el turismo. En el caso de la industria, hay una gran aversión al riesgo. Las situaciones de desorden político y económico o la potencial ruptura de los horarios organizados y de los sistemas de reservaciones son vistas con mucha preocupación por el sector comercial. Es uno de los grandes problemas de esta pandemia: incluso si las fronteras comienzan a reabrirse, la posibilidad de retrocesos y cierres de improviso de las rutas internacionales es un problema de muy difícil solución a la hora de vender viajes. Pone a todo el sector en una crisis muy profunda, a lo que podemos sumar el derrumbe de la demanda y la necesidad de implementar nuevas regulaciones de seguridad e higiene.

Pero hay un sector de consumidores de productos turísticos que justamente sustenta sus práctica en otro punto: que viajar es justamente correr riesgos. Lanzarse hacia destinos desconocidos y vivir nuevas experiencias. Es una narrativa que se sustenta en la idea de «aventura» y en una ruptura a fondo con el espacio de la vida cotidiana, visto como el lugar de lo seguro y rutinario. No son todos los turistas, claro. Pero son una parte importante del segmento, ya que en muchos casos son los que demandan viajes a destinos emergentes y aun no tan posicionados.

Lo particular de la actual situación de pandemia y la casi total paralización del turismo muestra algo interesante: sin la seguridad de los servicios de una parte de la industria turística y sus horarios, alojamiento y traslados seguros ya nadie puede lanzarse a la aventura. Correr riesgos en ciertas partes del viaje depende de que otros planifiquen para que no corras riesgos en todo el viaje.

No se trata de marcar esto como un ejercicio de hipocresía. Lo interesante pasa por otro lado: como las versiones del riesgo en el mercado de viajes pueden coexistir y generar sus propias prácticas. Hay tiempo para la «aventura» en ciertas partes del recorrido, y esas partes serán presentadas como las significativas del viaje. Y habrá momentos para la rutina, para los horarios establecidos, para las reservas programadas, y eso será el trasfondo obvio y no problematizado del viaje.

La paralización del turismo muestra que la narrativa de correr riesgos te impulsa a viajar, pero la estructura burocrática de los horarios y los espacios de la industria es la que te permite viajar. La reapertura del viaje va a llevar a más turistas a vivir en escenarios de riesgo, incluso aquellos que normalmente prefieren los viajes pautados de principio a fin.

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