Turismo y el aún incierto futuro cercano

Estas últimas semanas las notas sobre turismo se llenaron de menciones sobre desescaladas, protocolos y conflictos entre gobiernos y empresas. El viaje internacional ha emprendido un lento regreso. Muy lento, de acuerdo a la industria turística. Muy incierto si lo vemos del lado de gobiernos e infectólogos.

Lo primero: tal como se preveía, el regreso del viaje internacional está marcado por la fragmentación de normas y reglas. La Unión Europea alienta a los países a comenzar a reabrir sus fronteras, pero por ahora los viajes entre países se limitan a lugares cercanos u operan en modo experimental, como está haciendo España al recibir números acotados de viajeros alemanes. Gran Bretaña, ya fuera de la UE, opta por ahora por la cuarentena de la mayor parte de los turistas internacionales, lo que ha puesto en modo queja permanente a las aerolíneas como British y Ryanair.

En América Latina no está mucho más claro el tema. Hay naciones que nunca suspendieron del todo los vuelos, como los casos de Chile y Brasil. Otros ya reanudaron, caso Ecuador. En las próximas semanas países como Perú y Paraguay se sumarían a las reaperturas, mientras Argentina y Colombia por ahora mantienen fines de agosto o comienzo de septiembre para retomar las operaciones internacionales. Los vuelos de cabotaje si podrían regresar a mediados de julio en varias naciones de la región.

Fragmentación y protocolos

La fragmentación de normas y disposiciones es un problema muy complejo para una industria que lleva décadas en la búsqueda de lograr la mayor uniformidad posible en los requisitos de documentación y exigencias. Siempre existieron diferencias -vacunas, lista de países prohibidos, etc- pero estas eran puntuales y acotadas. Hoy esa fragmentación es generalizada y dificulta el regreso de la demanda turística.

La industria viene trabajando en un número de protocolos por rama de actividades, justamente para permitir la reapertura de los destinos y reducir la incertidumbre para los viajeros. Aeropuertos, aerolíneas, hoteles, restaurantes son espacios donde ya hay nuevas normas en funcionamiento. Distancia social, mínimo contacto humano, barbijos, desinfección a fondo se cuentan entre los cambios. Y todo ello tratando de que afecte lo menos posible la experiencia turística. No estamos muy seguro de que lo vayan a lograr; a esta altura y en estas circunstancias, la mayoría se conforma en no arruinarla tanto como para que los viajeros no prefieran esperar un poco más.

Para el futuro cercano, y a medida que los viajeros comiencen a regresar, estará la evaluación sobre cómo las restricciones en el uso del espacio y las nuevas medidas afectarán la rentabilidad de las empresas. Algunas compañías vienen resistiendo ciertas limitaciones de espacio -caso las aerolíneas y el bloqueo del asiento del medio- pero aceptan otras -la aplicación de nuevos protocolos de limpieza, que suman costos y pueden llevar a mayores demoras en habilitar habitaciones o realizar abordajes en los aviones, por ejemplo. En todo caso, la preocupación ahora es volver a ponerse en marcha, aún cuando eso no cubra los costos -pero aminore las pérdidas. A mediano plazo una serie de negocios vinculados con el turismo van a tener que rever en profundidad sus números.

En el caso del norte del mundo, las reaperturas buscan salvar lo que se pueda de la temporada alta del turismo. En el sur, mientras, la situación es bastante diferente, con situaciones aún no controladas en los contagios en países como Brasil, Perú, Chile y Argentina. Por estos lados por ahora las discusiones pasan sobre cómo se puede reordenar la vida urbana para limitar la expansión del virus, pero a la vez lograr reactivar al menos mínimamente la vida económica.

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