Realidad virtual y video 360 en un mercado turístico en crisis

Allá por enero, en una entrada dedicada al tema de la relación entre realidad virtual y turismo, escribía esto:

«Las experiencias en realidad virtual son una posibilidad a explorar con el fin de evitar un gran daño a ambientes naturales frágiles y que no podrían soportar la llegada masiva de turistas».

Desde ya, esa relación entre turismo y realidad virtual estaba mediada por la problemática de la hiperturistificación de los destinos más populares, o por los límites de carga de los sitios que necesitaban reguardar su carácter natural. Estas problemáticas cambiaron mucho en las últimas semanas a partir de los problemas generados por el coronavirus.

Planteaba allá en enero que uno de los problemas del «turismo virtual» es que aparecía como una especie de versión económica del viaje físico. Esto es, una alternativa para quienes no podían visitar el destino por restricciones económicas. ¿Problema? Los visores de realidad virtual y de video 360 de buena calidad son aún relativamente caros y más bien son comprados por un público de cierto poder adquisitivo. Público que probablemente pueden viajar sin problemas. Frente a ello, aparecía como más razonable plantear a la realidad virtual y el video 360 como una forma de alentar a las personas a viajar de manera física al sitio. ¿Y la solución a la hiperturistificación? No parece ser ese el camino.

En las últimas semanas habrán visto como algunos destinos y países comenzaban a publicar sobre todo videos 360 como una forma de mantener instaladas sus opciones como lugares de viaje. En este caso, el mensaje era bastante claro: no nos pueden visitar porque se tienen que quedar en casa, así que mejor recorren nuestro destino de manera virtual.

Aquí ya estamos frente a otro escenario. No se puede viajar por restricciones de movilidad y legales, y en ese punto si las estrategias de mostrar destinos de una forma inmersiva tienen mucho más sentido. Sigue siendo un problema la baja adopción, sobre todo fuera de los países más desarrollados, de visores tipo Oculus o HTC. Pero es una alternativa relevante a futuro, sobre todo si tenemos en cuenta que algunos dispositivos, como el Oculus Quest, son difíciles de comprar porque la demanda ha superado las previsiones originales de venta.

La clave, en todo caso, pasa por ofrecer experiencias más ricas, al menos visualmente, que los recorridos físicos. En ese punto, tomas con drones, imágenes de lugares de acceso limitado, un buen contexto histórico y político pueden sumar mucho a los videos 360 y las realizaciones de realidad virtual. En tiempos de cuarentena hay muchas más probabilidades de atraer usuarios a este tipo de videos y aplicaciones.

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