Aeropuertos y conectividad: taxis y el panorama post Uber

Uber

Algunas semanas atrás, el servicio de SuperShuttle, vans que conectaba un buen número de aeropuertos de Estados Unidos con el centro de las ciudades, dejó de funcionar. Y en aeropuertos como Los Angeles la cantidad de viajes en taxi cayó un 75% desde 2012.

La salida del negocio de SuperShuttle y la crisis de los taxis tiene un punto en común: el surgimiento y crecimiento de las aplicaciones para viajes, como Uber y Lyft. Durante muchos años, la posibilidad de prestar servicios de conectividad entre los centros de las ciudades y los aeropuertos era algo sólo al alcance de pocas compañías. El número de taxis y de compañías de buses y vans estaba fuertemente limitado. Esa oferta muy regulada permitía cobrar precios bastante altos y contar con una buena demanda cautiva.

2012, el año del cambio

La aparición de servicios como Uber y Lyft cambió el panorama en muchos lugares del mundo. En todos aquellos donde los dejan operar, claro. Porque en muchos lugares la conectividad con los aeropuertos sigue siendo defendida a toda costa. De hecho, en los aeropuertos de Buenos Aires no van a conseguir pedir autos vía aplicaciones, salvo las autorizadas de compañías de taxis -y hasta ahí, como ya sabemos sucede sobre todo en Aeroparque.

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El cambio se basó en ampliar de una manera sustancial la oferta de autos de alquiler, pero gracias a pasar por encima el ordenamiento legal. Fue parte de la política de Uber desde el comienzo, claro. Está bastante bien contado en Super Pumped, The Battle for Uber, de Mike Isaac, que estoy leyendo en estos días.

En Estados Unidos el panorama viene cambiando hace tiempo. En aeropuertos como los Angeles se habilitaron zonas para que los pasajeros puedan tomar el transporte privado y lograr que los taxis vuelvan a ser atractivos para el público más joven. Conocida como LAX-it, los pasajeros solicitan el viaje vía una aplicación y luego se les asigna el auto por orden.

Desde ya, es un intento de lograr que los taxis se parezcan más al sistema de Uber. Pero hay varios temas que siguen pendientes. Los usuarios pueden seguir pidiendo autos vía las aplicaciones, que cobran la mitad que la tarifa autorizada de taxi. Una diferencia que permanece es que Uber sólo cobra vía tarjeta de crédito, mientras los taxis aún aceptan efectivo.

Otro punto: los taxis están mucho más regulados que las aplicaciones, lo que implica que tienen que cumplir una serie de obligaciones que encarecen su servicio. La solución por ahora de las autoridades de Los Angeles: comenzar a dar de baja algunas de esas demandas, como la obligación de tener todo el mismo color, choferes que cumplan determinadas reglas de vestimenta, etc. ¿Será que vamos a comenzar a ver el final de la era de los taxis de colores uniformes y característicos de cada ciudad?

Más sobre el tema: SuperShuttle según CNN, Los Angeles y los taxis según The New York Times.