Ecoturismo y Realidad Virtual, ¿una salida para la hiperturistificación?

Terminé mi primer libro de 2019: Experience on demand, de Jeremy Bailinson. El libro analiza estrategias para la producción de contenidos en realidad virtual a partir de la experiencia del autor en casi dos décadas en el Virtual Human Interaction Lab de la Universidad de Stanford. Hay mucho para decir sobre el libro, en particular acerca de sus propuestas relacionadas con el tema de crear experiencias memorables en realidad virtual.

Pero en el caso de esta entrada me quería concentrar en un punto desarrollado por Bailinson. Como se enfoca en sus trabajos en Stanford, uno tiene que ver con una propuesta en realidad virtual que permite interactuar con ballenas bajo el mar. No es una experiencia que muchos podrán vivir. Incluso si podemos viajar hasta los lugares donde pueden verse, los recorridos en barcos semisumergidos y que permiten ver bajo el agua siempre están sometidos a las inclemencias del tiempo y del mar, y muchas veces terminan suspendidos.

Bailinson señala que las experiencias en realidad virtual son una posibilidad a explorar con el fin de evitar un gran daño a ambientes naturales frágiles y que no podrían soportar la llegada masiva de turistas. Para el autor, ofrecer la alternativa de la realidad virtual permite evitar más contaminación por la llegada de barcos y cruceros, así como una mayor demanda de vuelos, con las consecuentes consecuencias ecológicas.

Obviamente una propuesta de este tipo implica una mayor popularidad de la realidad virtual, que a pesar de que creció mucho en los últimos años gracias al éxito de Oculus y de HTC Vive, aún tiene mucho camino para recorrer para lograr una adopción masiva. Con las mejoras de los últimos años se puede crear contenido de gran calidad para visores de realidad virtual. Pero, claro, la propuesta tiene algunos problemas.

Realidad Virtual

En primer lugar, desde ya está la percepción de que no se trata de un viaje real. En ese sentido, tengo la impresión de que termine siendo presentado como una forma de acceso económica para aquellos que no puedan pagar viajes que comenzarán a ser cada vez más costosos. Y es que el acceso a lugares sobredemandados en turismo seguramente terminará en un alza de costos para acceder a ellos -la entrada de ayer sobre la futura tasa turística en Venecia es una pista sobre lo que se viene. También puede esperarse mayores dificultades para lograr acceder a ciertos entornos naturales donde se establezcan cuotas puntuales de visitantes para evitar mayor daño ambiental, como el caso de Machu Picchu.

Debajo, la cita del capítulo 4, «WorldView», sobre la posible relación entre realidad virtual e hiperturistificación.

VR isn’t just going to educate people about environmental damage: it’s also going to make it possible to appreciate the beauty and majesty of nature in ways that don’t impact natural habitats, and will arguably provide richer experiences than ecotourism or trips to zoos and aquariums (…) The best part of this is that virtual whales don’t get harmed by tourism (…) The cruise ship we traveled on to get to this tour used about a gallon of gas for every foot it traveled. Readers might at this point still rather see a real whale then swim with a virtual one (…) But it’s important to consider scale: millions of people, flying to Alaska and then clambering into gas-powered boats. It takes a huge toll on the environment and the health of these species.

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