Viaje a La Rioja: Talampaya

9 años después de la primera visita, finalmente pude volver a visitar el Parque Nacional Talampaya. Había novedades pero también siguen los clásicos. Por el lado de lo nuevo, los vehículos para hacer los recorridos son más amplios, y te permiten tener una mejor perspectiva del paisaje, al poder sacar parte del cuerpo por las escotillas abiertas en el techo -se puede ver bien en la imagen 360 debajo. También hay nuevos recorridos dentro del parque, aunque nosotros hicimos el trayecto clásico que termina en la geoforma conocida como El Monje (o Rey Mago, vi las dos denominaciones). Por el lado de las cosas que se mantienen, está el recorrido clásico, además de la zona de restaurante y oficinas.

A pesar de que sus inconfundibles murallones rojos son cada vez más conocidos en Argentina, Talampaya sigue siendo una zona que aparece como una promesa para el turismo argentino. Tiene algo más de 60 mil visitantes por año, y sólo suele colmar su capacidad de carga en Semana Santa y los primeros días de vacaciones de invierno. El resto del año la cantidad de visitantes diarios suele estar bastante lejos de la capacidad máxima de carga del parque. Entonces, salvo esos momentos puntuales, se lo puede visitar sin problemas casi todo el año.

En el Parque Nacional Talampaya hay que ingresar en los vehículos propios de Volterra, que es el concesionario del Parque. Hay diferentes tipos de vehículos de acuerdo a la excursión. Si bien el Parque tiene más de 200 mil hectáreas, sólo están abiertas al público los recorridos del Cañón de Talampaya y Cajones de Shimpa. Éste último estaba cerrado cuando fuimos debido a la actividad sísmica que se había dado en áreas cercanas y aún estaba bajo inspección de seguridad. Una lástima, sigo sin conocer esa parte. 

El recorrido por el Cañón de Talampaya

La excursión que hicimos fue la del Cañón del Talampaya, que va desde la salida del parque y llega hasta la geoforma más famosa del lugar, El Monje. 

En el camino, van a pasar por varios lugares muy interesantes, siempre rodeados de los enormes murallones rojos de más de 100 metros de altura. Uno de los puntos más conocidos es la zona de los Petroglifos, donde van a encontrar dibujos tallados en la piedra hace miles de años por los habitantes originales de la zona.

De los petroglifos, este es el más conocido, ya que para muchos parece un astronauta o un ser del espacio exterior. Algunos también señalan que podría ser un animal que lleva carga, como por ejemplo un guanaco. Hay muchos otros dibujos e inscripciones en la zona, fácilmente visibles desde el sendero. 

El camino sigue luego hacia la zona de la Chimenea del Eco, una especie de enorme incisión en los murallones rojos de Talampaya. Al gritar frente a él  en grupo escucharán un eco bastante impresionante.

Luego van a pasar por la zona conocida como la Catedral Gótica, ya que las formas de los picos junto a las paredes recuerda a las torres de estas catedrales. Allí hubo un alto en el camino para degustar vinos, aceitunas y dulces. De allí se sigue hacia el Monje, que es el punto final del camino. Todo el trayecto toma alrededor de dos horas y media. Y es espectacular para tomar fotos, incluso si les toca un día nublado como nuestro caso. En la primera visita tuve sol a pleno, así que ya conozco las versiones soleadas y nubladas. 

La excursión al Cañón de Talampaya cuesta 725 pesos para mayores, y 363 los menores de 12 años. Hay planes familiares. Por ejemplo, 2 adultos y dos menores pagan 544 pesos cada uno. La excursión a Cañón de Talampaya y Cajones de Shimpa sale 795 pesos. Y la versión Safari Plus del Cañón de Talampaya, en vehículos abiertos, sale 795 pesos. Pueden hacer la reserva online en la página del Parque, y hay posibilidades de descuentos si reservan con al menos 30 días de anticipación. Todos los precios son al momento de escribir la entrada en octubre de 2018. 

Por cierto, se siguen brindando las excursiones a Ciudad Perdida y Cañón Arco Iris. Esta vez no las hice, pero se contratan en la cooperativa de guías que está sobre la ruta camino a San Juan, a unos 15 kilómetros del parque. Los precios, por lo que me comentaron, son similares a las excursiones en el parque. Les recomiendo sobre todo Ciudad Perdida, en su momento me pareció un gran recorrido. 

Talampaya y los turistas

Como comentamos antes, la zona tiene mucha más capacidad de recibir visitantes, pero tras llegar años atrás a casi 70 mil visitantes anuales, se quedó en unos 60 mil. Entre los problemas más importantes está la falta de aeropuertos cercanos. Hay que ir a La Rioja o San Juan. Una solución interesante sería reactivar el aeropuerto de Chilecito, que tiene instalaciones preparadas, pero carece del equipamiento técnico necesario. Lo visitamos y ya hablaré del tema en próximas entradas. 

Por lo tanto, para llegar hasta la zona hay que llegar en avión a las capitales provinciales cercanas y luego hacer el resto del recorrido por tierra. Algo que se puede justificar si se pueden combinar las excursiones a Ischigualasto – Valle de la Luna y Talampaya con otros. Y de algunas de ellas hablaremos en las próximas entradas, como las visitas al Cañón del Triásico, la Vuelta al Pique en Chilecito y más. 

¿Época del año para visitar Talampaya? Otoño y primavera. El invierno es muy frío por las mañanas, pero luego la temperatura levanta, y hay mucha amplitud térmica. El verano es muy caluroso, y la única época del año en la que se registran lluvias de manera habitual.

Pudimos hacer este viaje por invitación de Volterra, el concesionario del Parque Nacional Talampaya, y la Secretaría de Turismo de La Rioja.

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Un comentario sobre “Viaje a La Rioja: Talampaya

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