Mi primer viaje a Europa fue en 2008, y tuvo como protagonista inicial una ciudad bastante poco frecuente para alguien que no conocía Europa: Budapest, la capital de Hungría. Desde Buenos Aires no hay vuelos directos a Budapest. Pero por suerte se puede llegar de manera simple con vuelos desde Madrid, que seguramente es la ciudad europea mejor conectada con América del Sur. Por ello, si quieren conectar primero en Madrid pueden aprovechar para recorrer la capital española, una ciudad apasionante y para la que escribí una guía para recorrer sus principales atractivos, que ya está publicada en la página de la aerolínea Norwegian.

El motivo de la visita era participar del encuentro de Global Voices, una red de bloggers que producen contenidos en múltiples idiomas, y que buscan contar su realidad cotidiana a personas de todo el mundo. En el encuentro había participantes de muchas nacionalidades, y fue una increíble oportunidad para conversar con personas de todos los continentes. Desde ya, muchas horas se dedicaban a los encuentros y debates sobre diversos temas, desde libertad de expresión hasta herramientas de creación de contenidos. Pero también había tiempo para salir a recorrer la ciudad, visitar sus bares y tomar muchas fotos.

Recorriendo Buda y Pest

En ese viaje descubrí que Budapest es una de las ciudades más interesantes de Europa, algo que pienso incluso hoy, cuando ya sumé muchos otras ciudades a la lista tras otras 3 visitas a Europa. En particular me fascinaba su combinación de elementos arquitectónicos de principios del siglo XX. Caminar por la ciudad es una gran experiencia, como te sucede cuando paseas por Praga, Viena o París.

La ciudad está dividida por el río Danubio. Y no es sólo un tema geográfico puntual. Realmente hay muchas diferencias entre un lado y el otro. De un lado está Buda, la parte más tradicional, con los castillos y muchas construcciones tradicionales. Del otro, Pest, la zona más moderna de la ciudad, y donde se encuentran la mayor parte de los hoteles y los emprendimientos comerciales. Justamente por ello mi alojamiento estaba del lado de Pest, ya que allí hay mucha más oferta de hotelería. Igual en ese viaje aprendí que con un poco de paciencia se podía encontrar alojamiento en Buda. Hoy con los sitios de alquileres temporarios seguramente esa tarea es mucho más sencilla.

Al salir del aeropuerto Ferenc Lizst, descubrí que la mayor parte de las conexiones era hacia la parte moderna de la ciudad. O sea, hacia Pest. Lo que había que hacer era tomar un bus hasta el punto donde comienza el metro, que va a la zona céntrica de Pest. Luego en la ciudad casi no usé el metro, y me moví sobre todo en los tranvías, que son muy cómodos y tienen muy buena frecuencia. Como corresponde, los más modernos corrían del lado de Pest. Los de Buda eran más antiguos, pero muy lindos y pequeños. No había pases diarios, pero se podían comprar de a 10 pases en las estaciones de metro. Sólo tomé bus cuando tuve que ir a destinos un poco más en las afueras, como Memento Park.

El tema del idioma es complicado. El húngaro es famoso por su complejidad y lo difícil que es aprenderlo. En la ciudad se puede encontrar gente que habla inglés, pero sobre todo en hoteles y restaurantes. En buses y taxis ya no es tan común, lo que hacía bastante complicado indicar el destino donde queríamos viajar. En la calle los carteles eran por completo incomprensibles. Y no tenía por ese entonces Google Translate con la función de tomar la foto y traducir el texto, así que no quedaba otra que observar los carteles y verlos más bien como objetos estéticos.

Algo que también complicaba la vida: a pesar de ser parte de la Unión Europea, Hungría tenía su propia moneda, el forint. Los euros eran fáciles de cambiar, pero no eran la moneda de uso diario. Los aceptaban en muchos lugares, pero había que tener bastante cuidado con la tasa de cambio. Con el correr de las horas, aprendí que mejor era cambiar los euros en casas de cambio y moverme con forints.

Budapest se hace al andar

Uno de los recorridos turístico que me encantó hacer fue la navegación por el río Danubio. Es una gran oportunidad para hacer buenas fotos y observar las dos zonas en las que está dividida la ciudad. La navegación normal dura alrededor de una hora. Hay que averiguar los horarios, porque varían mucho de acuerdo a la temporada. En verano hay varios servicios por día, pero en la temporada baja, en el invierno, hay uno o dos servicios por día. Hay varias compañías que prestan el servicio, y algunas de ellas incluso tienen navegaciones nocturnas en el verano.

budapest

En la zona de embarque en el río Danubio, al menos donde están la mayor parte de las empresas, se encuentra el Mercado Central de Budapest. En el primer piso van a encontrar muchos lugares para almorzar comida local, por precios muy razonables. Por ejemplo, un plato de goulash y papa rellena más vaso de cerveza cuesta alrededor de 10 euros. Hay muchas alternativas en platos tradicionales; si hace frío van a encontrar que es un tipo de comida que les va a devolver rápidamente el calor al cuerpo.  En el mercado además hay muchos lugares para comprar especias y souvenires. Un clásico aquí es comprar páprika, una especia que se usa en buena parte de los platos tradicionales húngaros.

Budapest

Otro lugar donde quería ir es Memento Park, un espacio donde se depositaron las estatuas y monumentos que, en la época comunista, se encontraban en la ciudad. Es un espacio abierto, casi una especie de gran baldío poblado por los monumentos. Se puede llegar desde Plaza Deak (Deak ter) en un bus que sale a las 11 de la mañana. Los dejarán en Memento Park para el comienzo del  recorrido guiado, que toma algo más de 2 horas. Pero si quieren ir en bus por las suyas, pueden tomar la línea 150 desde Ujbuda Kozpont, que está en Buda, junto a un shopping. Hasta Ujbuda Kozpont pueden llegar en tranvía (4, 18, 41 y 47). Hay buses cada 20 minutos, más o menos, en días de semana. Hay un cronograma de horarios, que en nuestro caso se cumplió sin problemas. El viaje dura 25 minutos. El parque abre a las 10 de la mañana. Más que recomendable, si no hacen el recorrido con guía, es comprar el folleto explicativo del recorrido, que se consigue en español entre otros idiomas.

Budapest

Otro clásico de la ciudad es el Castillo de Buda. Se puede subir en el funicular. Allí pueden recorrer el Castillo, hoy museo. Hay una gran vista de la ciudad desde este punto. Luego hay que caminar por el Distrito de los Castillos, pasar por el Bastión de los pescadores, y buscar algún pequeño restaurante o café, depende la hora, y descansar.

En mi caso estuve más de una semana por el evento de Global Voices más unos días más de recorridos. Pero si no tienen mucho tiempo para recorrer la ciudad, o van a estar sólo uno o dos días, no es mala alternativa usar el bus turístico del tipo Hop On Hop Off. Hay varias empresas que prestan el servicio, y son útiles para llegar en particular a ciertas zonas altas de Buda que de otra manera serían difíciles de visitar. Hay puestos de venta en los puntos turísticos. Los buses tiene al menos dos recorridos diferentes, con 10 a 15 paraderos por cada recorrido. Algunos de los buses incluyen la navegación por el Danubio por el mismo precio.

Y al menos en mi caso, siempre me gusta salir a conocer los alrededores de las ciudades, en particular sus suburbios. En mi caso, aproveché para conocer Szentendre, que está a 40 minutos en tren desde Budapest. Se sale de la estación Batthyány, que se encuentra en Buda, en la línea M2. El recorrido culmina en Szentendre, así que no habrá problemas con pasarse de estación. En el pequeño centro de la ciudad hay muchos lugares de venta de objetos de diseño, galerías de arte y venta de souvenirs, además de pequeños restaurantes.

En resumen: a pesar de no estar en los recorridos más frecuentes, visitar Budapest es una de las mejores decisiones que se puede tomar a la hora de visitar Europa. Y pueden combinar la capital húngara en un recorrido que luego los lleve por ciudades como Bratislava, Viena, Praga y Berlín.

Budapest

“Mi primer viaje a Europa” es parte de la campaña de la aerolínea Norwegian, en la que participé además con una guía personal sobre Madrid

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