El impacto de las aerolíneas de bajo costo siempre se concentró, para la mayor parte de los usuarios, en un punto: tarifas más bajas. Desde ya, la calidad de servicio era otra, pero lo que todos destacaban era el valor de la tarifa. Ahora, ya estamos en la etapa de la adultez de estas compañías: el año pasado, las aerolíneas low cost transportaron mil millones de pasajeros. es el 28% del volumen global transportado en 2016. Es una cifra impresionante. Y vale la pena revisar algunos datos.

Los impactos: tarifas y más vuelos regionales

El primero: efectivamente el impacto más importante por ahora tiene que ver con las tarifas. En aquellas zonas del mundo donde estas aerolíneas han registrado mayor éxito el valor promedio de las tarifas cayó un 64% en dos décadas. Eso no sólo se debe a los precios de las empresas low cost; también han forzado a bajas en el ticket promedio de las aerolíneas tradicionales. Algunas de ellas están, incluso, adaptando su funcionamiento para parecerse cada vez más a este tipo de empresas. En América del Sur, por ejemplo, Sky se pasó a ese modelo el año pasado, y LATAM y Aerolíneas Argentinas vienen introduciendo cambios en ese sentido. En Argentina, por ahora, no hay empresas de cabotaje con este modelo, aunque se espera que para fin de año comience a funcionar FlyBondi en algunas rutas -en principio, por lo que se dice, con vuelos únicamente desde Córdoba. Buenos Aires tendrá que esperar un poco más. Norwegian hizo un pedido de rutas de cabotaje en la reciente audiencia del Ministerio de Transporte, pero el comienzo de sus operaciones va a tomar su tiempo.

El mercado aéreo, claramente, se ha adaptado bien a estos cambios, al menos desde el punto de vista financiero. De hecho, en los últimos años las aerolíneas registraron buenas tasas de ganancias, aunque en los últimos tres años hubo una pequeña caída de la rentabilidad. El tráfico aéreo global no ha dejado de crecer en los últimos años, además.

El crecimiento de las aerolíneas low cost ha llevado, además, a una fuerte expansión de los vuelos regionales, gracias a la reactivación de pequeños aeropuertos, antes con poco uso. O sea, se puede llegar en avión a lugares donde antes más bien el viaje se hacía en micro o en tren.

Aeropuerto de Ezeiza

Lo no tan bueno del bajo costo

Desde ya, hay algunas consecuencias no tan buenas. La primera es que muchos destinos comenzaron a experimentar problemas con los nuevos turistas. Si la tarifa de avión era tan baja, ¿por qué pagar más caro otras cosas, como taxis, hoteles y demás servicios? El presupuesto de muchos nuevos viajeros para esos destinos se redujo significativamente, y una buena parte de la industria turística notó que si bien había más turistas no necesariamente los ingresos crecían de la misma manera. A eso podemos sumar la falta de experiencia de algunos turistas con este tipo de empresas, y no planificar bien el tema del equipaje y los extras. A veces, por desconocimiento, terminan pagando tarifas casi normales en fees.

Otro punto negativo: varias aerolíneas de bajo costo, en particular en Europa, basaron buena parte de su rentabilidad en los subsidios que recibían para volar a determinados destinos. Esa tendencia está cambiando, pero durante buena parte de estas dos décadas una buena cantidad de dinero público terminó en sus arcas.

Lo que se viene

Uno de los desafíos más interesantes para las aerolíneas de bajo costo tiene que ver con los vuelos más largos, como los transatlánticos. Empresas como Norwegian o Level -del grupo Iberia / British Airways- comienzan a brindar este tipo de servicios, donde el costo del combustible y de operaciones es más significativo. Es bastante difícil que logren el impacto sobre las tarifas que se consiguió en los vuelos regionales. Entre otras cosas, porque para este tipo de vuelos hay menos alternativas de aeropuertos y los aviones no pueden ser usados para múltiples destinos, como en vuelos cortos. Aún así, hay espacio para precios más bajos y establecer conexiones con nuevos aeropuertos.

En el caso de América Latina, hay países donde la presencia de compañías de menor costo cambió bastante el paisaje del transporte, como los casos de México y Brasil, y también de Colombia y Perú. En particular, el que más perdió con estos cambios es el mercado de micros, sobre todo para viajes que superan las 5 ó 6 horas. Argentina todavía no experimentó tanto estos cambios, en particular porque aún no operan en el país empresas de bajo costo. Pero las aerolíneas tradicionales, como LATAM y Aerolíneas Argentinas hace tiempo que tienen  tarifas muy similares a las de los micros para recorridos más largos en cabotaje.

Un resumen del tema del impacto de las aerolíneas low cost lo pueden encontrar en Quartz.

 

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