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Begpackers: mochileros y viajes por países pobres

En “Gap yah’ backpackers begging for money should be ashamed of themselves“, Radhika Sanghani se mete con un tema interesante pero polémico: los mochileros que viajan por países pobres, y que piden dinero para seguir viajando. Sanghani incluye dentro del grupo de begpackers a los que piden dinero a partir de tocar música y a los que venden algunos productos ligados al viaje, como fotos y postales, y no sólo a la mendicidad tradicional. Los ejemplos de la autora se limitan al Sudeste asiático.

Para Sanghani, estos begpackers no entienden que viajar es un lujo que muchas personas no pueden darse en esos países pobres. Pedir dinero para seguir llevando a cabo una actividad “lujosa” no es aceptable, y no es más que un “white privilege“. En todo caso, quienes mendigan son locales, y lo hacen a partir de una necesidad básica, como comer o poder comprar algo de ropa o medicamentos. En el planteo de Sanghani lo que queda claro es que los mochileros pueden mendigar por dinero en esos países pobres, pero que tal actividad es completamente insensible desde lo social.

Como plantea Sanghani, existen muchas alternativas para mochileros a la hora de conseguir algo de dinero o al menos no gastar en algunas cosas. Desde trabajar en hostels hasta participar de programas donde se puede intercambiar alojamiento por enseñar idiomas o realizar otras actividades -por no citar posibilidades como el Working Holiday, aunque esa alternativa no está disponible en todos los países.

No es algo que se limite al Sudeste asiático. Como conté hace años en la entrada dedicada a los “mochileros extremos”, que tienen como principal objetivo no gastar nada, o casi nada, en su viaje. No está mal si eso tiene que ver con ser disciplinado a la hora de gastar. Pero si es problemático cuando ese “no gasto” implica buscar obtener todos los productos gratuitos posibles a expensas de los habitantes locales. Ver a mochileros de Buenos Aires, mi ciudad, pedir empanadas gratis a una señora que vive de venderlas en una pequeña localidad del noroeste argentino no es algo que me cause gracia.

Es bastante habitual que dentro de la narrativa celebratoria de los mochileros se enfatice el respeto que tienen por las poblaciones locales. Transformarlos en un objetivo para lograr cosas gratis no entra -o no debería entrar- en esa narrativa. Por desgracia ese tipo de actitud de “quiero gratis todo lo que pueda” a la larga termina dándole letra a los que quieren limitar la presencia de mochileros en determinados lugares.

Para los habitantes locales, la presencia de esos turistas mochileros se justifica en que ayudan con su gasto a la economía local. Si en realidad lo que buscan es obtener dinero o productos de los locales, el tema se complica. Tampoco parece ser justo enojarse con estos locales porque “no reciben con generosidad” a estos mochileros extremos. Esperan algo de ellos -gasto, consumo, impacto en el mercado laboral- a cambio de aceptar su presencia. No suena romántico, pero es una concepción bastante realista.

Para leer la nota original: “Gap yah’ backpackers begging for money should be ashamed of themselves“. Otro artículo interesante: “‘Beg-packers’: White tourists who beg in southeast Asia“. Una nota un poco más amable con los begpackers se puede encontrar en The Independent.

Actualización: parece que en Tailandia se cansaron del tema de los begpackers y su repercusión, y ahora van a comenzar a exigir, a la entrada al país, que los turistas demuestren que tienen al menos 20000 baht (unos 750 dólares) como prueba de que tienen los medios suficientes para pagar su viaje por el país. La medida también parece apuntar a detectar a visitantes extranjeros que trabajan sin un permiso legal, y que reingresan al país varias veces para tener una extensión de su visa. Pueden chequear sobre el tema en News.com.au (llegué al enlace gracias a Ana Astri O’Reilly).

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