En mi reciente viaje por New York tuve que hacer escala por algunas horas en Lima. Aproveché para comprar algunas revistas, y una de ellas fue Revista H, que francamente no conocía. La razón es que la nota de tapa era sobre el comienzo del nuevo aeropuerto de Cusco, que va a estar ubicado en la zona de Chinchero. Se trata de una parte muy bella del llamado Valle Sagrado, y que ya hace varios años fue elegido para albergar el nuevo aeropuerto. Con el proceso de compra de las tierras ya concluido, ahora comienza la parte de construcción de la infraestructura. La nota de la revista H, llamada “Lo Sagrado y lo Profano”, por desgracia no está disponible en la Web, así que resumiré algunos puntos en los próximos párrafos.

La principal razón es que el aeropuerto actual, situado muy cerca del centro histórico de Cusco, ya está saturado, no puede recibir más vuelos y no permite un crecimiento en la llegada de turistas. El nuevo aeropuerto de Chinchero podrá recibir 6 millones de visitantes, contra los 3 del emplazamiento actual. El plan de obras se va a extender por cinco años, pero el impacto que se dará en toda la zona es un tema de discusión.

En las últimas dos décadas el gobierno peruano ha seguido una política bastante consistente en cuanto al tema del turismo en Cusco. En base sobre todo al control de los accesos a Machu Picchu, han logrado establecer cuotas de visitantes para evitar un impacto demasiado grande sobre el entorno natural, a la vez que los precios de los accesos a esas zonas se incrementaba. Duplicar la cantidad de visitantes plantea, claro, un desafío a esta política. ¿Cómo seguir con las limitaciones a los accesos a determinadas zonas sin desilusionar a los visitantes? ¿Pero cómo hacerlo sin causar mayor daño en el medio ambiente?

En la actualidad el límite en la cantidad de accesos a Machu Picchu es de 2500 personas por día, algo que de acuerdo a lo que aparece en la nota de la revista H no siempre se cumple, ya que ese volumen se supera en ciertos momentos del año. El futuro es reordenar las visitas para que hagan recorridos ya fijados, y de esa manera los turistas se queden menos tiempo en Machu Picchu, y eso permita recibir más personas para ingresar.

Cusco

Otro de los desafíos, además del volumen de turistas, es el desorden en el tema arquitectónico. Los pueblos del Valle Sagrado experimentan un gran crecimiento, con nuevas edificaciones que poco tienen que ver con la tradición de la zona. No es un punto más; justamente, esa zona de Perú tiene a la “autenticidad” como uno de sus puntos más atractivos. ¿Tiene el Estado peruano suficiente presencia como para supervisar el desarrollo del aspecto urbano? Ya hay antecedentes poco auspiciosos, como el desordenado crecimiento de Aguas Calientes, hoy conocido también como Machu Picchu Pueblo.

La relevancia de Cusco para Perú es determinante a la hora de atraer turistas. Prácticamente todos los visitantes que no llegan por negocios pasan por Cusco, y luego pueden dirigirse a otras zonas del país. Como la zona se desarrolle a futuro es clave para sostener el crecimiento del turismo internacional en el país, un objetivo que comienza a chocar con las limitaciones de infraestructura.

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