Luego de una noche, la segunda en el barco, bastante intensa y movida, llegamos hasta el Cabo de Hornos. La tarde anterior habíamos visitado el mando de la nave, y el capitán nos había contado que el 70% de las veces podían desembarcar. Pero las condiciones del tiempo esa misma tarde en glaciar Pía no eran muy auspiciosas, así que había que estar preparados si es que no podíamos desembarcar.

Al llegar a Cabo de Hornos el tiempo no estaba nada bueno. Era muy temprano, ya que el desembarco se hace alrededor de las 7 de la mañana. Mucho viento y algo de lluvia, así que no parecía que las condiciones climáticas ayudaran mucho. A pesar de eso, todos nos dirigimos al cuarto piso para prepararnos para desembarcar, y de hecho pude subir al segundo de los botes que se dirigió a la costa. El viaje fue muy movido; el más movido que tuve que hacer en unos de los Zodiac de Australis. El primer bote simplemente no pudo desembarcar por el oleaje, así que tuvimos que emprender el regreso al barco, bastante desilusionado y mareado, por cierto. Éramos parte del 30% de la estadística de los que no pudimos desembarcar en Cabo de Hornos. Al menos llegamos hasta la playa. De todas maneras, es parte de lo previsible del clima patagónico: que nunca van a poder prever con demasiado tiempo que va a pasar.

En Cabo de Hornos reside siempre un marino chileno con su familia, y que quedan a cargo del faro y las instalaciones del lugar. La zona es realmente remota, y no es nada fácil vivir en esa zona, con un clima frío y cambiante, y con muy poco contacto con el exterior.

Como el clima esa mañana estaba bien complicado y neblinoso, las fotos no lucen demasiado. Pero al menos muestran como estaba el clima esa mañana.

Luego del accidentado paso por Cabo de Hornos, y luego de algunas horas para descansar y el almuerzo, nos dirigimos hacia Bahía Wulaia, al oeste de isla Navarino. El clima cambió por completo, pero la zona es conocida por tener un clima más benigno. Luego de la lluvia y el viento en Cabo de Hornos, en Bahía Wulaia nos encontramos con algo de sol y mejores condiciones para pasear al aire libre. Tras abordar los botes Zodiac, desembarcamos en la bahía, donde se pueden encontrar unas casas de principios de siglo XX, y que fueron restauradas y conservadas por la empresa que gestiona el crucero Australis -la región es parte de un área protegida. La casa es hoy un museo donde podrán conocer sobre el proceso de poblamiento de esa zona, primero por indígenas locales y luego por europeos. Las edificaciones fueron construidas por las primeras familias que poblaron la zona para llevar a cabo diversos emprendimientos agropecuarios que se revelaron como económicamente inviables por temas de costos de transporte.

Cuando llegan hasta la bahía, se comienza con una caminata que los llevará hasta un mirador, desde donde están tomadas las fotos que se encuentran arriba de este párrafo. Se trata de una zona de gran belleza, y que pudimos fotografiar sin demasiados problemas. La caminata no es demasiado complicada, y si bien es en subida, tiene apenas una zona donde el camino es un poco más empinado. El resto del tiempo es bastante tranquilo, bastante lejos en dificultad de la visita al bosque de la mañana anterior.

Este tercer día de navegación fue un día de contrastes. Muy complicado por la mañana, mucho más apacible por la tarde. Una lástima no poder desembarcar en Cabo de Hornos. Y una gran oportunidad poder visitar una zona tan hermosa como Bahía Wulaia.

Nos queda una entrada más para publicar, con datos que no aparecieron entradas anteriores, como gastronomía, servicios, etc. Más algunos videos que nos quedaron pendientes.

Este viaje fue posible por la invitación de LAN Argentina, Crucero Australis y Hotel Los Cauquenes.

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