La tendencia al crecimiento del uso de los bloqueadores de publicidad es algo que ya podíamos notar desde dos años atrás, en particular en los navegadores de escritorio. En móviles no había tanto uso de bloqueadores, pero desde que Apple decidió que su navegador Safari para iOS los acepte desató una fiebre de especulaciones sobre el futuro de la publicidad en la Web. La pregunta de fondo es cómo harán los editores para monetizar el contenido que publican si sus mismos lectores optar por no querer ver la publicidad que lo financia. Para Apple, la movida es una buena forma de seguir su guerra contra Google, y afectar su principal fuente de financiamiento, la publicidad. Pero para el resto las consecuencias son otras.

La pregunta es muy relevante en particular para los grandes editores, aunque importa también a los sitios que usan formas estandarizadas de publicidad como Adsense -aunque hay que reconocer que Adsense es mucho menos relevante y brinda ingresos más bien bajos a los pequeños editores. La tendencia al bloqueo a la publicidad va a traer algunas consecuencias a corto y mediano plazo. Algunas de ellas no son demasiado buenas.

En primer lugar, si los usuarios bloquean aquello que explícitamente se presenta como publicidad, algunas formas de publicación, como los contenidos patrocinados, van a tener otra centralidad. Al fin y al cabo, los lectores no van a poder bloquear eso. Y en cierta medida que se integra a la creciente tendencia de solapar contenido y marketing. No es una buena noticia para el periodismo, pero en todo caso es mala noticia más.

Segundo, va a incrementar la relevancia de las aplicaciones, donde los medios y empresas de contenidos pueden manejar su publicidad sin tener que pasar por un navegador como Safari. Los usuarios están muy acostumbrados en sus móviles a interactuar con aplicaciones, así que ya hay un mercado consolidado. Por cierto, el creciente uso de aplicaciones antes que navegadores y sitios Web es otro punto que va a afectar a empresas como Google, que dependen sobre todo de la búsqueda en los navegadores, pero también a los sitios Web de todo tipo. Para las empresas es otra razón más para consolidar sus aplicaciones y pasar de los medios en la Web, que van a tener mucha audiencia pero menos usuarios que vean publicidad. O para publicitar en grandes redes que funcionan vía aplicaciones, como Facebook, Twitter o Snapchat. El fracaso de Google de instalar una red social de su propiedad le va a pasar factura en el corto plazo.

Tercero, la caída de la publicidad como método de financiamiento llevará a la consolidación de otros métodos, como el crowdsourcing, el mecenazgo, el patrocinio o la financiación vía iniciativas tipo ONGs. Que nunca van a ser masivos, pero que van a ganar espacio como alternativas.

En cuanto al tema de cuán ético es usar bloqueadores de publicidad, creo que ya hay bastante escrito en muchos blogs. Hay reflexiones interesantes, pero no creo que se logre construir un modelo de monetización a partir de intentar hacer sentir culpables a los lectores sobre el uso de este tipo de software. No funcionó con otros productos -la música, por ejemplo- y no parece que vaya a funcionar en este caso.

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