Hace un mes se produjo el ataque de un hombre armado en una playa de Túnez, que terminó con 38 turistas asesinados. En marzo, otro atentado en el Museo Bardo dejó 22 muertos. Para Túnez, es un momento en extremo complicado, en tanto queda en claro que los turistas son un objetivo específico de ciertos sectores políticos y religiosos extremistas.

No es un tema económico y político menor. El turismo representa el 14% del producto bruto interno de Túnez. Aproximadamente 400 mil empleos dependen de ese sector de manera directa. Comparado con julio de 2014, la cantidad de europeos que lleg€o hasta el país cayó un 70%. Las consecuencias ya se están viendo, con el cierre de hoteles y restaurantes. Pero si la cantidad de turistas sigue en caída, lo peor de las consecuencias económicas está por venir.

La situación de Túnez construye un escenario siempre temido por los operadores turísticos: que factores políticos internos causen problemas en el desarrollo turístico y la llegada de visitantes. Este tipo de conflictos internos puede extenderse por mucho tiempo, y a la vez enfocarse en el mercado turístico en tanto saben que allí causarán mucho daño. Lo analizamos ya con anterioridad en varios casos, como Tailandia en 2008 y luego en 2014.

Uno de los temores en este caso es que la situación se extienda por un tiempo considerable, como sucede desde hace varios años en Egipto. Los atentados contra turistas y los serios problemas políticos de los últimos años han llevado a que la llegada de visitantes cayera rápidamente hace varios años y aún no se recupere.

Pueden encontrar un buen resumen del tema (en inglés) en Al Jazeera. La foto que abre la entrada fue tomada por [email protected] Abdelmaksoud y fue publicada en Flickr bajo licencia Creative Commons Attribution.

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