Cualquiera que haya viajado en el último año y haya pasado por algún lugar turísticamente relevante habrá observado una tendencia muy evidente: la creciente cantidad de personas que usan “selfie sticks”, que antes conocíamos como “monopods”, para hacer autofotos. A medida que se popularizaban las GoPro y su gran ángulo para tomar fotos, y a la vez mejoraban sustancialmente las cámaras de los teléfonos, los turistas se acostumbraron a que la autofoto se transformaba en parte habitual del paisaje. Eso de pedirle a otros que tomen la foto ya fue. A los obsesivos del encuadre y el control de las fotos el tema seguro les interesa, pero buena parte de esta tendencia tiene que ver con la idea de integrar la autofoto, tan usual ya hace tiempo en reuniones de amigos, como parte del viaje. Claro, la diferencia es que cuando viajamos se tiene que ver un poco el lugar donde estamos, y allí aparecen los rebautizados monopods.

Pero los selfie sticks no son bien recibidos en todos lados. En muchos aeropuertos piden que se los cargue en el equipaje que va a bodega, y no permiten subirlos a bordo. Hasta el año pasado todavía era fácil cargar el monopod en la mochila, pero que los puedan pasar en la actualidad depende del lugar donde comiencen con el vuelo. Es cuestión de consultar. Parece que vamos a ver menos autofotos en los aviones. No parece haber problema con los mini trípodes, así que parece que no podemos hablar de una conspiración contra la fotografía

Pero los selfie sticks son peor recibidos en los museos, en particular en Estados Unidos. Si van a New York, tengan en cuenta que clásicos como el MoMA y el Guggenheim ya tienen restricciones para su uso dentro de sus instalaciones, y el Met y el Smithsonian de Washingtonn DC podrían sumarse pronto. De acuerdo a los responsables de los museos, las razones tienen que ver con la seguridad de las obras, y con la comodidad de los visitantes. Es que a medida que cada vez más turistas los usan, pueden convertirse en un tema molesto en espacios reducidos. En todo caso, los museos que permiten tomar fotos sin flash están prohibiendo ingresar dispositivos fotográficos extra más allá de cámaras y teléfonos.

Más allá de los museos y los aeropuertos, por ahora en el resto del mundo parece que no hay mayores problemas con los selfie sticks, cada vez más comunes en el espacio turístico. La tendencia marca además un ejemplo interesante de como los usuarios le cambian el sentido a ciertos dispositivos. En este caso, las llamadas “action cam”, originalmente pensadas para el mercado de turismo de aventura y deportes, termina masificándose de la mano de los turistas y su gusto por las autofotos. Y con ellos, los antes llamados monopods, sólo usados por los profesionales de fotografía, hoy selfie sticks, cada vez más populares entre los usuarios amateurs.

La foto que abre la entrada fue tomada por Garry Knight y fue publicada en Flickr bajo licencia Creative Commons Attribution.

Anuncios