La consolidación de las plataformas transacciones en Internet, y la facilidad con la que pueden ponerse hoy en contacto a los usuarios que ofrecen servicios con aquellos que quieren comprarlos están trayendo una serie de novedades interesantes a mercados tradicionalmente muy regulados. Compañías como AirBNB facilitan la posibilidad de alquilar habitaciones y departamentos por fuera del mercado hotelero. Uber hace algo similar con los autos de alquiler. Eatwith te permite almorzar o cenar en una casa particular. En los tres casos -aunque de manera más marcada en los casos de AirBNB y Eatwith- buena parte de la experiencia pasa no sólo por el consumo en sí; alquilar habitaciones compartidas o pagar almuerzos en casas particulares se presentan como una oportunidad para conocer a personas locales y tener acceso a otras experiencias en el destino.

Desde ya, a muchos viajeros les puede molestar esta creciente comercialización de ciertos espacios que antes estaban ligados con formas de hospitalidad no paga. Pero analizar críticamente este tipo de ofertas no debería impedir ver que se trata de un tipo de transacciones que están creciendo, y que van a tener un impacto cada vez más profundo en el mercado internacional de viajes.

En los tres casos citados, la relación entre quienes ofrecen y quienes compran se define a partir de la reputación. Esto es, por los comentarios que se reciben de otros usuarios, y que permiten que terceros luego puedan luego seleccionar una oferta más relacionada con sus gustos. Este punto, que a muchos viajeros les permite seleccionar mejor, también es justamente el que termina de facilitar los procesos de concentración de mercado de la economía colaborativa en pocas compañías: aquellas que logran tener el volumen suficiente de transacciones como para crear una cantidad tal de comentarios que permitan hacer elecciones más sencillas, construir perfiles más precisos y de paso evitar que unos pocos comentarios interesados afecten la credibilidad del sitio. Se produce un fenómeno interesante: se postula un crecimiento de la oferta al desregular ciertos mercados, pero a la vez ese acceso a “mercados desregulados” pasa crecientemente por plataformas transacciones concentradas en pocas manos. No es algo nuevo. Se puede ver como los mercados online de ventas de productos también tendieron a concentrarse, como muestran los casos de eBay en Estados Unidos o Mercado Libre en América Latina. Esa concentración puede permitir, por ejemplo, subir las comisiones o cobrar por la visibilidad de maneras que no se podían hacer en los primeros años de operaciones. El punto es simple: si te interesa vender y que te vean, mejor que vendas en esos sitios, y te asegures de pagar para que alguien vea tu oferta.

Lo cierto es que por ahora, las redes de economía colaborativa son espacios en donde muchos usuarios están ofreciendo sus productos y compitiendo entre sí. Pero como ya vimos con otras grandes empresas de Internet, no es nada arbitrario pensar que en los próximos años buena parte de su negocio pase por la venta de visibilidad. Esto es, que vas a poder publicar de manera gratuita tu oferta de habitaciones, viajes en auto o almuerzo, pero lograr que alguien vea ese producto ya va a ser otro tema. Como pasa en Facebook, por poner un ejemplo: en tu página se puede publicar gratis, pero llegar a muchos usuarios tiene un costo.

AirBNB + Uber + Eatwith

En todo caso, lo interesante del mercado de la economía colaborativa no sólo pasa por la desregulación de la oferta, que es hoy uno de los puntos más conflictivos -ya pueden ver todas las quejas y protestas de dueños de taxis y hoteleros con Uber y AirBNB, y tal vez dueños de restaurantes con Eatwith. También implica pensar sobre las plataformas de transacciones en sí, y sobre lo importante que sería que los usuarios pudieran seleccionar en cuál prefieren publicar. Porque, de otra manera, la concentración en pocas manos llevará a una situación similar a la que pasa con la publicidad y la difusión de contenidos en Internet, y en donde las publicaciones independientes tienen cada vez más difícil llegar a su pública. La razón: las cada vez más agresivas políticas de comercialización de la visibilidad que llevan adelante Google y Facebook con el fin de mejorar sus balances financieros.

De todos modos, el tema de la visibilidad no es el único ejercicio de prospectiva que se puede hacer en este escenario. Otros deberían pasar por las consecuencias actuales: un número creciente de viajeros están usando estas plataformas, que no estaban disponibles algunos años atrás. El cruce entre economía colaborativa y mercado de viajes parece que va a traer mucha conversación en los próximos meses.

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