La excusa de la entrada: una serie de restaurantes franceses, algunos de ellos con la más que envidiable distinción de tener 3 estrellas Michelin, están considerando seriamente prohibir el uso de teléfonos móviles en sus locales, debido a que algunos comensales se exceden en el uso de las cámaras a la hora de tomar imágenes. Personas que cambian de lugar los objetos de la mesa; que se suben a la silla para tener mejor ángulo; que llevan un flash aparte para mejorar la luz; entre otros temas. Digamos, rápidamente, que algunos chefs sostienen que estos comensales causan inconvenientes en el tipo de ambiente que buscan lograr en sus restaurantes. Hay otras quejas más, como por ejemplo el tema de que la presentación de los platos puede ser fácilmente copiada con tantas fotos, pero las quejas pasan más por el comportamiento de los comensales que por el copyright.

Para muchos de nosotros, efectivamente este tipo de quejas aparece como una completa exageración. Muchos de nosotros tenemos la costumbre de tomar fotos de los platos en un restaurante, en particular cuando estamos de viajes (y más si hay que armar una entrada en un blog sobre viajes, pero ese es otro tema). Es cierto que es posible ver que algunos comensales son excesivamente cuidadosos con el tema de la fotografía de platos, a tal punto que a veces hay que esperar unos cuantos minutos antes de poder tocar la comida. Y eso, es cierto, no es divertido.

tiradito

Pero por debajo del tema del food porn y el uso de las cámaras de los teléfonos celulares, en realidad se esconde un tema interesante: el proceso de estetización de la vida cotidiana, por un lado. Es cierto que los turistas siempre tuvieron esa actitud de fotografiar todo lo que se les cruzara. Pero la masificación de los celulares ha llevado una actitud similar a la vida cotidiana. Al fin y al cabo, ahora cargamos una (o más de una) cámara con nosotros. Las imágenes, entonces, están ligadas a nuestras experiencias cotidianas, algo que incluye, claro, a lo que comemos en restaurantes. Y éstos últimos también participan de ese movimiento de estetización creciente de un producto; al fin y al cabo, hoy los platos cuidan tanto la presentación como el sabor -y a veces son más presentación visual que sabor, pero ese es otro tema.

Más sobre el tema de los teléfonos y el food porn en The Telegraph y The Guardian (ambos en inglés)

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