Vamos primero con la cita:

“Ahora todo el mundo quiere un icono. Quieren que un arquitecto haga lo mismo que hizo el Guggenheim de Gehry para Bilbao y el Teatro de la Ópera de John Utzon para Sydney. Cuando por fin se inauguró el Walt Disney Hall de Los Ángeles, en la mayoría de los discursos de la ceremonia de inaguración se habló más de cómo la nueva sala de conciertos afectaría la imagen de la ciudad que de su acústica. Sin duda, ésta no es una manera infalible de conseguir una arquitectura discreta y con tacto, incluso con calidad. El efecto de tanta preocupación por crear una imagen es tan perjudicial para los arquitectos como para las ciudades que los contratan. Nunca se ha dado que tanta arquitectura de alta visibilidad fuera diseñada por tan poca gente (…) ¿Y por qué esto es así? En parte porque la arquitectura ha conseguido dejar su impronta en una cultura más amplia de una manera que nunca lo había hecho antes: ahora la gente se fija en los edificios”.

La cita, tomada de La Arquitectura del Poder de Deyan Sudjic, apunta a un tema muy interesante en el marketing de las ciudades, en particular hacia el campo del turismo: se busca crear, en el caso de que la ciudad no lo tenga, algún icono arquitectónico que la identifique internacionalmente. La construcción de un nuevo edificio, puente o monumento tiene de entrada el objetivo de transformarse en icónico; si no lo logra, aún cuando tenga una utilidad funcional, nos encontraremos frente al fracaso.

Y Deya Sudjic marca algo muy interesante: una arquitectura que logre un efecto de reconocimiento global es algo que, al parecer, sólo pueden lograr 20 ó 30 arquitectos en todo el mundo.

puente de la mujer

Sudjic le reserva la mayor parte de las críticas a Santiago Calatrava, a quien llama una “versión oscura y kitsch de la inventiva juguetona y libre de (Frank) Gehry”, y que “no para de inaugurar puentes nuevos” a los que no cesa de darle alguna “excusa funcional”. Según Sudjic, Calatrava “puede considerarse el mayor beneficiario o la principal víctima de la repentina manía por la construcción de iconos”. Por ejemplo, uno de los iconos más recientes de Buenos Aires, y la imagen que identifica al barrio de Puerto Madero, es el Puente de la Mujer, la única obra de Santiago Calatrava en América Latina.

Un punto importante: si bien en el caso del Puente de la Mujer el financiamiento fue privado, normalmente estos “iconos urbanos” son financiados con fondos públicos, y últimamente más de uno de estos emprendimientos ha fallado en su intento de alcanzar la categoría de icono de una ciudad.

Referencias bibliográficas

Sudjic, Deyan (2005) “Los usos de la cultura” en La arquitectura del poder. Cómo los ricos y poderosos dan forma a nuestro mundo. Barcelona, Ariel, 2005, páginas 264 y 265.

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