Siesta

En varias charlas y reuniones que he tenido con profesionales de viajes y usuarios, muchos me mencionan un tema puntual: la falta de contenidos de viajes que apunten a familias, en particular aquellas con niños pequeños. Así que hace un tiempo charlaba del tema con Thelma Contino (@thelmacl), que por esos días estaba planeando su viaje a Buenos Aires – París. Con una particularidad: que llevaría a su bebé. Así que su experiencia era muy interesante para las familias con hijos pequeños. A la vuelta de París, y luego de esquivar las miradas mala onda de los pasajeros cercanos (bebé cercano en avión, vuelo de muchas horas…) se animó a escribir esta entrada. A Thelma, por cierto, la encuentran en su página personal y en el blog de moda Fashion Forward.

Bebé a bordo: algunos consejos útiles

Se ha hablado más de una vez sobre las molestias de viajar en avión, más cuando se trata de un vuelo largo, y que alguno de los pasajeros sea un niño o bebé fastidioso.

Les propongo aquí el otro punto de vista: el de una madre que viaja con su hijo. Un poco para mostrar la otra cara de la moneda, pero también con la intención de que otros puedan usar esta experiencia cuando sean padres -viajeros- primerizos.

La previa

En cuanto a la documentación para salir de Argentina, el bebé necesita llevar lo mismo que un adulto. Además, si viajará con ambos padres, deben llevar la particida de nacimiento y/o libreta de matrimonio (para probar la filiación) o no podrá pasar migraciones. En el caso de viajar con uno solo de sus padres o acompañado por otro familiar, deberá llevar además el correspondiente permiso, que se realiza mediante escribano público (firmado por ambos padres, presentando DNI de los tres, partida de nacimiento del menor, y abonando un importe que a septiembre de 2011 era de $370). Hay que calcular un par de días para este trámite.

Por otro lado, sugiero que dentro de lo posible investiguen un poco sobre los productos que encontrarán en la ciudad de destino. Por ejemplo, en mi caso preferí llevar algunas cosas desde acá, ya que por los precios y tipo de cambio me resultaban carísimas comprarlas al llegar, o no había ninguna similar allá. Para decidir todo esto sugiero chequear las webs de los supermercados que tienen compras on line. Allí podrán ver los productos, marcas, variedades, precios, etc.

El vuelo

Se considera Baby a los bebés de hasta 24 meses. Pueden no ocupar asiento (en cuyo caso no pagarán pasaje, sino sólo los montos correspondientes a seguro e impuestos). Los aviones disponen de una cuna especial para ellos, que sólo puede usarse en algunos asientos especialmente preparados para su colocación. No olviden confirmar las medidas y peso máximo que soporta, ya que varía según la aerolínea. Los mayores de 24 meses entran en la categoría Child y abonan pasaje como un adulto, aunque con un descuento (en el caso de AirFrance es del 25%). Para la categoría Child ocupan asiento y les corresponde el mismo equipaje que para un adulto.

Algunos consejos: Un buena idea es ponerles ropa súper cómoda y llevar abrigo ya que durante el vuelo hace frío. Llevar algunos de sus juguetes preferidos (sin sonidos). No olvidar el kit para cambiar pañales y todo lo necesario por cualquier imprevisto. Lo ideal sería confirmar el asiento con tiempo y buscar una fila de igual cantidad de asientos que personas que viajan (no sólo para no molestar al de al lado, sino también para tener mejor espacio y posibilidad de movimiento). Para el aterrizaje, ya que resulta imposible darles un chicle, y los bebés suelen sentir mucha molestia en los oídos, se pueden llevar caramelos masticables o un pan. El chupete o la mamadera, pueden sustituir esto también. Adicionalmente, les sugiero aprender algunos términos en el idioma local: cambiador, cochecito, pañal, mamadera. Esto les va a servir no sólo durante el vuelo (la tripulación casi no hablaba inglés ni español y se trata de términos muy específicos), sino durante todo el viaje.

Lo positivo: Nos dieron cada comida antes de las de los adultos, permitiendo que le diera de comer tranquilamente. Los platos eran muy adecuados para un niño de dos años, salvo algunas cosas (como un queso Camembert, por ejemplo), pero por las cantidades se podía prescindir de lo que no le gustara. Otra cosa interesante son los juguetitos y lápices de colores que nos fueron dando,
que ayudaron a distraerlo durante el viaje, y contar con una pantalla de video en su asiento donde se entretuvo con las imágenes de las películas de animación que conocía (imposible que usara los auriculares, por supuesto).

Lo negativo: Los cambiadores en los baños. Calculo que hasta aproximadamente los seis meses son útiles. Para bebés más grandes resultan pequeños e incómodos. Una sugerencia para los más grandecitos es cambiarlos parados sobre la tapa del inodoro.

El cochecito: Depende de la línea aérea, e incluso del vuelo, pero los cochecitos pueden usarse hasta último momento y se entregan a la tripulación justo antes de subir al avión. No olviden averiguar en qué lugar deberán retirarlo, ya que a veces puede estar en la
cinta con el resto del equipaje, o en alguna otra zona especial de entrega. El cochecito no cuenta como bulto adicional. En algunos aeropuertos hay cochecitos disponibles, como en el aeropuesto de Paris, donde eran abundantes y estaban en excelente condiciones, aunque sólo eran últiles para bebés que puedan sentarse bien erguidos.

En París

– La mayoría de los restaurants no tiene cambiador ni espacio suficiente como para cambiar a un bebé. (Se estilan, además, los baños unisex).
– En los pocos lugares que tenían este servicio, tampoco pude usarlo: nuevamente el tamaño era muy pequeño y bastante rudimentario.
– Bares y restaurants no suelen tener sillas para niños.
– Los espacios públicos pocas veces cuentan con rampas (esto es importante también para quienes usan sillas de ruedas).
– Muchos lugares tienen ascensores para uso exclusivo de cochecitos y personas con movilidad reducida. Hay que averiguar bien antes de entrar, ya que pueden no estar señalizados (o, como en el caso del Museo Orsay, estar directamente “ocultos” al público).
– Transporte público: En la mayoría de las estaciones del RER hay ascensores, no así en el Metro, donde hay escaleras mecánicas, pero también muchas (y largas) escaleras comunes.
– En auto: en Francia las sillitas son obligatorias para menores de 24 kilos y deben estar colocadas en el asiento de atrás. Siempre. Se pueden comprar en el supermercado, desde 35 euros para bebés hasta 9 kilos aproximadamente, y desde 50 euros para los más grandes.
– Los menores de 3 años no abonan pasajes en RER o Metro, ni entradas en museos y sitios de interés.
– Muchos bares y restaurantes tienen al menos una Formule (menú opcional de entrada y plato, o plato y postre) siempre interesantes y con un buen descuento. Éstos suelen tener una especial para niños, más barata y simple, con sabores más “básicos”.

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