Day 8

El tema de los influenciadores ha sido muy tematizado en los dos últimos años en la Red. Y también en los trabajos sobre marketing para el mercado de viajes en Internet. La idea: detectar a aquellos usuarios que, con más lectores / lectores más relevantes / lectores concentrados en mercados verticales específicos, en lo que publican es más leído o mejor valorado que el promedio. Y lo es tanto para hacer publicidad de productos hasta para armar eventos o sugerir a otras personas a quienes seguir en las redes sociales.

Lo interesante del modelo de influenciadores, al menos en blogs y redes sociales, es la de acceder a personas que cuentan con la capacidad de definir agendas interesantes de temas, en particular en mercados verticales. Al seguirlos, accedes rápidamente a una serie de temas relevantes en relación con el mercado profesional donde te desempeñas. Viajes, negocios, tecnología, etc.

El problema surge cuando el modelo del influenciador más bien se asocia al de “Celebrity”. Muchas revistas, por ejemplo, tienen su sección de “vidriera”, donde aparecen los famosos posando junto a un cartel de una marca o con un producto junto a ellos. Es una acción de marketing muy tradicional, pero que ha terminado en Internet. Un ejemplo son las campañas donde se compran tweets de “influenciadores”, sin decirle a los usuarios sobre el carácter publicitario de la acción. Más allá de los temas éticos y del daño de los lazos de confiabilidad entre “influenciadores” y lectores, no deja de ser llamativa la supervivencia de modelos de los medios más tradicionales, que poco tienen que ver con la lógica conversacional de la Web.

En resumen, el modelo de influenciador funciona de manera interesante para las agendas de los mercados verticales. Pero corre riesgo de verse afectado por algunos usos que provienen del modelo de “celebrity”, más interesado en la acción puntual de marketing que en la construcción de un lazo de confiabilidad a mediano y largo plazo.

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