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En este blog hemos analizado en ocasiones anteriores un tema que cada tanto vuelve por los medios especializados en turismo: la idea de que “la tecnología arruina el viaje”. Uno de los puntos que habitualmente se usan en esta polémica es que demasiada información impide al viajero “descubrir cosas nuevas”. Este tipo de crítica suele olvidar que la mayor parte de los recorridos turísticos que se hacen son parte de ofertas estandarizadas, y que han ganado un espacio relevante en el mercado (ver enlaces al final).

Lo interesante es que el debate sobre el “empobrecimiento de la experiencia del viaje” no suele contextualizar el tema de la información turística más allá de ciertos medios sociales y la Web. En este sentido, hay al menos dos puntos para marcar estas limitaciones en el conocimiento del destino: la información que circula en guías y medios especializados, y la permanencia de los turistas en espacios determinados de la ciudad.

El mercado turístico ha contado por muchas décadas con esquemas informativos que han limitado la comprensión de ciertos destinos. Desde las lecturas políticas acerca de los nativos -algo que desarrolló Cecilia Palacios en su trabajo sobre las guías de viaje acerca de Buenos Aires– hasta las estrategias narrativas que abundan en adjetivos generalistas sobre los destinos antes que en hacer foco en la información. En este sentido, la presentación de una ciudad en términos de “atractivos” también es una manera de dar cuenta de un destino en términos turistificados, muchas veces descontextualizados de la historia pasada de un lugar.

El segundo punto tiene que ver con la delimitación del espacio turístico de las ciudades. Uno de los puntos interesantes del trabajo de Eric Fisher sobre fotos geolocalizadas es mostrar como determinadas áreas de una ciudad concentran la mayor presencia de turistas. Estos no suelen salir de ciertas áreas específicas de las ciudades, y limitan su comprensión del lugar a áreas muy puntuales.

Cualquier análisis sobre las “influencias empobrecedoras de la tecnología” sobre el viaje implica hacer foco sobre su falta de contexto en relación al pasado del mercado turístico. Por lo general, suelen olvidar que ya existen mediaciones que recortan y presentan los destinos y la información que recibe el viajero. Muchas de estas mediaciones pueden empobrecer la experiencia, recortar los espacios a conocer y presentar lecturas de lo real armadas para el consumo. Y seguramente ciertos marcos tecnológicos también lo hacen. Pero, sin el contexto del mercado turístico, las tesis que relacionan tecnología y empobrecimiento de la experiencia parecen partir de un punto de vista que podría resumirse en “las cosas estaban bien hasta que llegó la tecnología”.

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