Doing what tourists do best

Durante más de un siglo, la experiencia del viaje, dentro del mercado turístico, siempre fue vista como parte de un proceso de conocimiento muy personal. No importa que la mayor parte de los turistas hiciera recorridos muy similares o visitara los mismos lugares,la idea era que cada uno podía tener experiencias muy diferentes de los demás. Parte de esa experiencia implicaba que el viaje era un espacio separado de la vida cotidiana, donde ya no teníamos contacto permanente con casa ni con las ocupaciones diarias, y en donde nos “concentrábamos” en disfrutar del viaje.

Es bastante evidente que esa separación del viaje y la vida cotidiana es cada vez menos estricta. Y no sólo para los “viajeros de negocios” o los teletrabajadores. También lo es para el turista tradicional. Las tecnologías de comunicación hacen cada vez más sencillo mantener ese contacto con “casa”. Hasta hace unos años, ese espacio de conectividad todavía estaba reservado para los tiempos de uso de la PC o notebook, por lo general separados de recorridos y paseos. Pero la generalización de los dispositivos móviles y celulares con conexión a Internet lleva a la posibilidad de contar el viaje en “tiempo real”. Publicar en Twitter o en Facebook, subir fotos, videos, son cosas que pueden hacerse en simultáneo con el recorrido. Desde ya, no son pocos los que dicen que algo así arruina la experiencia de viaje, no permite concentrarse en el viaje mismo, y finalmente aniquila todo lo especial que tiene alejarse de casa.

Como en otras entradas de este blog, suelo tener divergencias con posiciones con tan pocos matices. Publicar mientras estamos de viaje no necesariamente significa “publicar todo el tiempo”. Implica separar un momento para compartir datos y detalles. Y no es, necesariamente, estar “todo el tiempo pendiente del celular”, como a veces describen algunos críticos del uso de las herramientas de comunicación en el viaje.

Uno de los problemas de las críticas contra la “intrusión de lo social” en los viajes suele olvidar que la enorme mayoría de los turistas hace recorridos que tienen muy poco de individuales, y que se asemeja a lo que muchos otros hicieron antes. Claro, hay viajeros que van a lugares donde pocos van, se arriesgan a países poco conocidos o a áreas remotas. Pero, por un lado, las zonas que visitan suelen tener muy mala cobertura de Internet. Por otro, tienen una forma de legitimar el viaje que implicar valorar ciertos puntos -las notas, los cuadernos, las fotos, el texto escrito, la “experiencia individual”- y rechazar otros -la “excesiva socialización”, la poca distancia con las actividades de la vida cotidiana, y otros temas.

Difícilmente pueda decirse que una experiencia de viaje “actualizada en tiempo real” sea menos auténtica que otra seguida a través de anotaciones en un cuaderno. Cosas similares a las tecnologías de comunicación en tiempo real se han dicho de las guías de viaje, de las cámaras fotográficas y de otros elementos que llevamos con nosotros en los recorridos: que nos distraen de la experiencia del viaje. Cambian los culpables, pero las acusaciones se mantienen.

La experiencia de viaje de la mayor parte de los turistas siempre fue muy social. Los destinos que eligen, y los sitios que visitan dentro de esos destinos, suelen estar legitimados por imaginarios y discursos previos. Y lo que hacen en el destino tiene mucho que ver con sus elecciones en la vida cotidiana. No hay viajeros y turistas; hay personas que viajan de diferentes maneras, y que justifican esos viajes con discursos específicos. La manera en la que viven esos recorridos y su adhesión / separación con respecto a las tecnologías de la comunicación es parte de esos discursos previos sobre porqué es importante viajar.

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