Viajes y dispositivos móviles

La semana pasada, en el blog sobre turismo y negocios de IE, se publicó una entrada dedicada a cómo plantear emprendimientos y empresas a partir de las diferentes etapas de un viaje. Éstas se armaban a partir de un criterio clásico: desde comenzar a pensar en el viaje hasta su concreción. Las etapas: inspiración, búsqueda, planificación, comparativas, reserva, el viaje y compartir. No está mal como división, pero me parece que le falta al menos dos categorías fundamentales.

La primera es la consulta en tiempo real mientras nos encontramos en el destino, algo cada vez más usual gracias a dispositivos portátiles con conexión a Internet y GPS. Se trata de un tipo de búsqueda muy diferente, orientada a la solución de problemas muy puntuales -direcciones, lugares que visitar o donde comer, etc- y que suelen combinar textos y mapas. Hay además aquí temas relacionados con el marketing de localización, ya que los resultados cambian sustancialemente de acuerdo al lugar de la ciudad donde nos encontramos. Por último, en este espacio se pueden ubicar tecnologías emergentes, como la “realidad aumentada”, y las aplicaciones basadas en geolocalización. Un punto aparte en este mismo segmento son las guías de viaje pensadas para dispositivos móviles, que combinan texto, multimedia, mapas y consejos de otros lectores.

La segunda es la conversación. Justamente, esos dispositivos portátiles con conexión a Internet nos permiten hacer consultas en tiempo real a otros usuarios, mientras ya nos encontramos en el destino. Hoy un espacio muy interesante para ello es Twitter; allí podemos preguntar determinados datos, y obtener respuesta si nuestra audiencia es la indicada. Este tipo de conversación amplía las que ya conocíamos; la que teníamos antes de viajar con quienes conocían el destino, y las que mantenemos con los locales en el lugar que visitamos. Implica llevar esa conversación a todos los espacios del viaje, y de paso mantener el contacto con casa.

Las dos categorías que sugiero arriba pueden articularse a la parte del viaje, pero exceden el tema de la “experiencia del viajero” en el destino. De hecho, pueden aparecer en la etapa de planificación -hacer consultas en redes sociales o revisar guías de viaje para dispositivos móviles- y en la etapa final, la de “compartir” -seguimos subiendo sugerencias a las redes sociales basadas en geolocalización, por ejemplo.

Toda esquematización del proceso del viaje tiene sus problemas, pero eso no debería hacernos perder un punto muy importante: el creciente uso de dispositivos móviles va a llevar a nuevas formas de conocer los destinos. Si esas formas resultan ser más creativas o simplemente incrementan el poder de las empresas y los gestores de destinos, lo veremos en algunos años.

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