Hasta ahora, hemos visto muchos artículos y entradas que hablan maravillas de la llamada “realidad aumentada”. Básicamente, se trata de una tecnología que permite “apuntar” con la cámara de nuestro celular a un determinado punto de la ciudad, y recibir de manera inmediata información geoposicionada sobre un sitio. La foto que abre la entrada muestra una posible implementación de esta tecnología. Es difícil no ver la potencialidad de la “realidad aumentada” en relación con el turismo. No sólo los turistas podrían recibir información en tiempo real sobre un sitio que en principio no conocen bien; también abre oportunidades de negocios para quienes producen contenidos.

Pero el tema de la realidad aumentada no se queda en edificios y turismo. La firma sueca The Astonishing Tribe mostró el mes pasado un prototipo que combina esta tecnología con el reconocimiento facial, y extrae información de una base de datos. El resultado:

El producto, por ahora un prototipo, se llama “Recognizr”, y lo que brinda es una capa de información que nos señala cuál es la información relevante sobre esa persona, y que se encuentra en Internet. Por ejemplo, su perfil en Facebook, blog, fotos en Flickr… Como verán, ya no sólo los edificios vendrán etiquetados; también las personas podrán ser rápidamente identificadas a partir de una combinación de bases de datos y tecnología. Seguramente esta tecnología aún debe tener muchos errores, en particular en el reconocimiento facial, pero de a poco seguramente irán mejorando ese tema.

Hace mucho tiempo que en las ciencias sociales se habla sobre la “construcción de la realidad”. En este caso, parece difícil no remitirnos a esa noción de “construcción”, pero también de relaciones de poder. ¿Qué vamos a hacer con esa nueva “capa de datos” que veremos directamente sobre lo que estamos mirando en ese momento? ¿Quiénes manejarán esa capa de datos? ¿Cómo se definirá lo relevante? Y, lo que parece más obvio como pregunta: ¿cómo afectará al derecho de privacidad de las personas, que no están obligadas a identificarse en cualquier situación social?

Lo más inquietante es que la base de datos que se usan para este tipo de “identificaciones” la hemos ido construyendo todos nosotros, con el paso de los años y a partir de nuestra actividad pública en Internet. Como en la entrada que dedicamos a “El lado oscuro del crowdsourcing”, aquí encontramos nuevamente con usos inquietantes, en relación a las libertades públicas, del material que los usuarios comparten voluntariamente en la Red.

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