Fresh fish in the supermarket (by mdid)

Al hablar del agotamiento de los recursos petroleros, un tema que se irá haciendo cada vez más relevante en los próximos años, solemos limitar el impacto del problema al transporte. Parece obvio: son los autos, aviones, buses, trenes, etc, los que aparecen consumiendo combustible. A lo sumo, muchos caen en la cuenta que buena parte de la energía eléctrica que consumimos es producida con derivados del petróleo. Pero el tema no suele ir mucho más allá.

Al asociar de manera inmediata “petróleo” con medios de transporte, es bastante evidente que caemos rápidamente en la cuenta que en las próximas décadas habrá un impacto significativo en la movilidad, y por lo tanto en el mundo de los viajes. A medida que el petróleo escasee y se encarezca, se hará más complicado solventar los gastos de viajes.

Pero la cuestión excede el mercado del transporte. Como plantea Felicity Lawrence:

“La agricultura convencional se ha convertido, no en una mejor forma de hacer el mejor uso posible de nuestros recursos finitos, sino en un sistema de transformar el petróleo en comida. Casi todos nuestros alimentos necesitan petróleo para su producción. Según el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, los alimentos actuales consumen aproximadamente diez calorías de energía obtenida por medio de combustible fósiles por cada caloría de energía nutricional que aportan (…) La comida que ingerimos es objeto de un procesamiento más intensivo antes de que llegue a nuestros platos, y la elaboración de alimentos requiere una elevada cantidad de energía. Los hornos a altas temperaturas, las cámaras de refrigeración rápida, las plantas de embotellamiento, todo ello consume energía a montones. ¿Recuerda usted la caja de tamaño medio de cereales que contiene 1100 calorías pero requiere 7000 calorías de energía en forma de combustible para su fabricación? Puede probar hacer cálculos similares con las verduras congeladas, la fruta en conserva o las comidas preparadas con sus complejos envases”.

Como verán, no estamos hablando sólo de una crisis del transporte público y la generación de energía. Todo el sistema de producción de alimentos está vinculado con la disponibilidad masiva y a costos bajos de los derivados del petróleo. A medida que su producción comience a caer, vamos a comenzar a notar cambios muy profundos en nuestra vida cotidiana y costumbres de consumo.

Claro que siempre aparece un tema para intentar salvar el actual estilo de vida, incluso sin petróleo: la de la producción de reemplazos de los derivados del petróleo, como el hidrógeno, o los biocombustibles. De eso, nos ocupamos mañana.

Bibliografía

Lawrence, Felicity (2008) “Carnes y verduras” en ¿Quién decide qué comemos? Cómo el negocio de la alimentación perjudica la salud, la economía y el medio ambiente. Barcelona, Tendencias / Urano, 2009.

La foto que abre la entrada fue tomada por mdid y publicada en Flickr bajo licencia Creative Commons Attribution.

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