El final de la cultura del auto

La soledad y la rambla (by morrissey)

Es raro hablar en estos tiempo del “final del auto”. Al fin y al cabo, hay hoy en el mundo 650 millones de automóviles circulando, y en no mucho tiempo habrá más de mil millones, a medida que el parque automotor de China se expanda. Sin embargo, no parece ya tan arriesgado prever que en en algunas décadas más el modelo actual de transporte privado, muy ligado al uso del automóvil, entrará en su crisis final. Al fin y al cabo, se trata de uno de los productos más exitosos del siglo XX, y está profundamente ligado a la abundancia de disponibilidad de metales y petróleo. A medida que estas materias comiencen a ser más escasas y caras, es evidente que los autos comenzarán a ser cada vez más inviables.

En After the car, Kingsley Dennis y John Urry analizan dos posibles escenarios para el fin del auto.

* Un final planificado, en el cual los gobiernos analicen la salida a la creciente inviabilidad del modelo de transporte privado basado en la posesión de automóviles. Por ejemplo, en la promoción de transporte público que use formas mucho más eficientes de consumos de recursos no renovables. No es este un punto sencillo; más bien, no parece haber mucho consenso sobre cómo salir del modelo “autocéntrico”.

* Un final catastrófico. El final del acceso económico a petróleo y metales se dará en pocos años, sin una necesaria transición, llevará a un verdadero desastre al sistema de transporte. El incremento del consumo de combustible en los últimos años lleva a constante revisión el famoso tema del “peak oil”; o sea, el punto a partir del cual la extracción de petróleo comenzará a mermar.

Para estos autores, el final del auto es un hecho que dan por sentado, pero el proceso que nos llevará hacia nuevos modelos de transporte es un tema no resuelto por ahora por los gobiernos, y que implica poner en relación tecnologías, modelos y sistemas nuevos, para dar cuenta de escenarios futuros que sean sustentables tanto desde lo económico como lo medioambiental. Por ejemplo, que permitan superar la dependencia por los combustibles fósiles, pero también por los materiales necesarios para construir los automóviles y la infraestructura necesaria para que éstos se movilicen.

Pero de eso hablamos en entradas futuras, a medida que avance con la lectura del libro.

Referencias bibliográficas

Dennis, Kingsley y John Urry
(2009) “Changing Climates” en After the car. Cambridge, Polity Press.

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4 comentario

  1. Para mí, un post muy interesante (sobre todo después de haber pasado hoy una hora en un atasco camino al trabajo).

    Como comentario al pie, desde un punto de vista foráneo Buenos Aires, con todo y sus situaciones, tiene uno de los sistemas de transporte público más completos que conozco. Hay colectivos por todas partes, subte, y taxis. No es tan difícil arreglárselas sin auto. En contraste, en Los Angeles (USA) y en donde vivo, el transporte público es prácticamente inexistente e ineficiente y si no tienes auto es casi equivalente a estar discapacitado.

    Siempre habrá necesidad de un auto para llegar a destinos que no son frecuentados por el transporte público, pero para el transporte del día a día un sistema de transporte público que invite a ser usado y que sea eficiente haría que muchos prefieran dejar el auto en casa…

  2. La inexistencia de buen transporte público en muchas grandes ciudades de Estados Unidos no es ninguna casualidad. Durante mucho tiempo, se estimuló el uso del transporte privado, y como parte de la estrategia se impidió la aparición de alternativas públicas bien diseñada.

    El problema del transporte público en Buenos Aires no es tanto la falta de alternativas -que las tiene- como su saturación. La infraestructura actual no alcanza para transportar a todos los pasajeros, y eso se nota. Y, desde ya, causa mucha molestia y malhumor a quienes viajan. Por ello, difícilmente muchos porteños se encuentren muy contentos con su transporte público urbano.

  3. Hola, muy interesante debate.

    Lamento disentir, pero creo que el modelo de automóvil no está en crisis, al menos no por las razones expuestas.

    Hay muchas maneras de hacer automóviles sin metales ni petróleo, tanto desde el punto de vista de materiales como de combustibles. Y muchas maneras de hacerlo económica y ambientalmente viable.

  4. Creo que nos olvidamos de un vehiculo que hace mas vivibles, barato y sustentable…La bicicleta, no como una utopia sino como una realidad, cada dia mas visible en todo el mundo…

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