Hay un viejo tema que aparece en muchas discusiones sobre medios: los límites entre la información y la publicidad. En los últimos años en muchos medios, incluso en las redes sociales, es cada vez más difícil encontrar el límite entre lo informativo y lo publicitario. Parte de la discusión involucra la relación entre lo público y lo privado; en este caso, si la información es un bien público que debe respetar ciertos estándares de imparcialidad, o es un producto comercial que debe ser rentabilizado por las empresas de acuerdos a sus estrategias, sin tener que rendir cuentas a nadie.

Y esta discusión se ha hecho más relevante en los últimos años, a partir de la estrategia de muchas marcas de “involucrarse emocionalmente” con los consumidores, como plantea Henry Jenkins en Convergence Culture. Convertir a la marca en parte de las “experiencias positivas” de tu vida cotidiana. Algo que no es, para ser justos, demasiado nuevo. La industria discográfica logró en su momento transformarse en parte central de nuestra vida, lugar que ha ido perdiendo frente a la explosión de nuevas alternativas -sólo hay que ver como las “nuevas tribus” jóvenes se estructuran cada vez menos frente a la elección de un género musical, y más en relación a aspectos tecnológicos.

Amsterdam, Holanda

Amsterdam, Holanda

¿Cómo pueden las marcas ligadas con el mercado de viajes buscar ese “involucramiento emocional” con los consumidores? Hay una buena parte del camino que ya está desarrollado: a casi todo el mundo le encanta viajar. Ahora, el problema es que seleccione como su objeto de deseo un destino en particular. Ahí, claro, entra el marketing y los medios. Y la receta no es demasiado original: el destino debe ser asociado con experiencias cotidianas positivas. Esa mirada positiva puede tener que ver tanto con los servicios de determinados prestadores como en la insistencia de presentar un simple viaje como “un sueño”, o de investirlo de vagas propiedades oposicionales al sistema.

Una pregunta interesante tiene que ver con la idea de si las experiencias positivas son suficiente como punto para lograr ese involucramiento emocional. O si más bien este punto no puede ser percibido por el usuario como algo demasiado artificial. Los problemas y vicisitudes de un viaje también son parte de nuestros recuerdos de visitar un destino. Y, en el fondo, de nuestro involucramiento emocional con él.

También hay que recordar que los viajeros ya suelen tener imágenes de un destino que han sido tomadas de películas, experiencias personales, y otras vivencias individuales. Y que, a pesar de lo que se pueda decir de muchos blogs y medios, cualquier usuario de la Red puede contar sus experiencias reales de viaje en un blog, en las redes sociales o en un foro. Esa presencia de información que no evita los puntos conflictivos es una parte sustancial de los relatos que logran sostener el contenido emocional del viaje.

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