A veces no nos damos cuenta, pero ciertas representaciones nos superan hasta tal punto que las consideramos obvias. Una de ellas es la imagen del “viajero”. Que se espera de esa figura: que sea abierto, que se comunique con los habitantes locales, que se interese por los asuntos del país que visita, que busque ir más allá de la superficialidad que muchas veces se asocia a los tours y a los recorridos estandarizados del turista. Por ello, a veces nos sorprende que se pueda concebir la idea del viajero desde otro lado, como hace Sophia Dembling con su idea del “viajero introvertido”.

Dembling dice sin problemas que se siente extraña cuando tiene que charlar con desconocidos, y que le gusta recorrer las ciudades que visita, pero sola. Que no le interesan las conversaciones políticas con los taxistas ni tener charlas de horas con personas del lugar. Que en las horas de la noche en que otros salen a divertirse, ella se queda a ver televisión local, que a veces es bastante interesante para entender algo del lugar que visitamos. En todo caso, si quiere recorrer la ciudad con alguien, contrata a un guía.

El texto de Dembling llama la atención porque la imagen del viajero se asocia generalmente a la extroversión y una continua intención de comunicarse con el otro. Con semejante representación, los introvertidos no parecen tener muchas opciones.

El texto de Dembling es lo suficientemente simpático para dedicarle un rato de lectura. Pueden leer “Confessions of an Introverted Traveler” en este enlace (visto originalmente en Gulliver).

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