En la introducción de Tourists and Tourism. A Reader, Sharon Bohn Gmelch cuenta como los estudiantes de antropología que dirigían tenían un temor: cuando viajaban a los poblados de Barbados donde hacían su trabajo de campo, odiaban ser confundidos con turistas. Simplemente, ellos no se consideraban como tales, en tanto creían que los turistas eran gente insensible y bastante ignorante sobre lo que le pasaba a la gente de Barbados.

Pero Bohn Gmelch agrega algo más: que el tema no se limitaba a sus estudiantes de antropología. Los mismos viajeros aplican esas clasificaciones para diferenciarse de los turistas. Se trata de una distinción siempre presente en el mercado de viajes, a pesar de que es bastante poco precisa.

Por lo general, el límite entre turistas y viajeros está trazado a partir de un punto fundamental: la interacción con los nativos. Los turistas sólo se relacionan con ellos por un tema de servicio, en tanto los locales trabajan para ellos. Los viajeros, en cambio, se interesan en ellos porque quieren conocer su vida cotidiana. Hay otras diferencias que suelen ser citadas: la forma de viajar -programada versus libre; atada a las vacaciones versus viaje como forma de vida, etc.

Piletas de aguas termales de Chivay (by morrissey)

Como verán, estos límites son decididamente imprecisos. Quien es viajero y quien no es una cuestión de un juicio que no tiene parámetros demasiado precisos. Se trata de una cuestión de “actitud”, por el cual el viajero es, digamos, “buena onda”, mientras el turista no lo es. Y al parecer, que ambos compartan los mismos medios de transporte y determinados tipos de consumo no parece ser prueba para encontrar muchos parecidos entre ambas categorías. N siquiera es relevante que alguien viaje a veces “como viajero” y otras como “turista tradicional” -al contratar un tour en lugares donde no se puede llegar de otra manera. Al parecer, nunca se dejan de ser viajeros, incluso cuando de vez en cuando no lo son.

Al menos en las ciencias sociales, la palabra de los entrevistados es el punto de partida de un análisis. Por ejemplo, es necesario dar cuenta de porqué se clasifican como viajeros. Pero eso no es considerado como parte del análisis. En realidad es el punto de partida del análisis, que debe poner en cuestión ese tipo de clasificaciones. Es necesario, por ejemplo, identificar los intereses del grupo para diferenciarse de los que ellos llaman “turistas”. Un grupo que resume todo lo malo del viaje, mientras ellos representan todo lo bueno.

En todo caso, hay que arrancar por cuestionar el uso “obvio” de categorías como “viajeros” y “turistas”. Claro que, más allá de todo lo que podamos dar cuenta, allí afuera la gran mayoría de las personas seguirán usando categorías como “viajeros” y “turistas” como si fuera la cosa más obvia del mundo.

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