En los últimos meses, han aparecido varios libros sobre la industria alimenticia, en donde se analiza de manera crítica las estrategias de producción de alimentos. En esta entrada me voy a referir a uno de esos libros: Obesos y famélicos. Globalización, hambre y negocios en el nuevo sistema alimentario mundial, de Raj Patel.

El libro parte de una serie de tesis centrales. En primer lugar, que la producción de alimentos y su distribución mundial es notablemente ineficiente, y que se promueve el consumo de productos innecesarios, mientras se uniformiza la oferta de ciertos tipos de alimentos, como las verduras. Segundo, que los precios pagados a los cultivadores de la tierra por su producción es demasiado bajo, y que los agricultores están en realidad subsidiando de esa manera a las poblaciones urbanas. Esto se da sobre todo en los países donde la mayor parte de los productores son pequeños campesinos, cada vez más explotados. No tanto en sistemas donde dominan los latifundios o grandes extensiones, como veremos en los próximos párrafos.

El capítulo que más me interesó fue el que se refiere al negocio de la soja -“Glycine Rex”, el número 7-, en tanto aporta una serie de datos que no he visto mucho en los medios. En los últimos años el valor de la soja se ha incrementado de manera sostenida. Y la razón, de acuerdo a Patel, es que se encuentra en más de tres cuartas partes de los alimentos que consumimos, a través de la lecitina de soja. Ésta se encuentra presente en aceites y margarinas, pero llega incluso al chocolate o las carnes, a través de la alimentación de los animales. Cuando Patel trabaja las relaciones entre soja e industria alimenticia, comienzan a aparecer una serie de temas realmente muy interesantes. Por ejemplo, se pueden encontrar razones para entender tanta demanda de soja.

Al menos en esta parte del mundo, el cultivo de soja, gracias a la demanda, se ha transformado en un verdadero boom, que ha llevado a buena parte de las tierras más productivas se encuentren ocupadas por este cultivo. Ha motivado también la aparición de grandes empresas que se dedican al tema, los llamados “pools de siembra”. También ha motivado, en los últimos diez años, una notable expansión de la soja transgénica (tema de otro libro que apareció hace poco, El mundo según Monsanto, de Marie-Monique Robin, de cual hablaré más adelante). Tal éxito de la soja, y su relevancia en tanto negocio de alta rentabilidad, lleva a una extensión tal de este cultivo que finalmente amenaza la diversidad de la producción agropecuaria, además de alentar una mayor concentración de la tierra.

El libro completo de Patel es un tanto farragoso y pesado de leer, incluso para los que estamos interesados en el tema. Pero sus referencias sobre el tema soja y cómo se uniformiza la oferta de ciertos productos -por ejemplo, que sólo se venden frutas que se adapten bien al transporte y luzcan bien, antes que por su capacidad nutritiva- lo hacen una lectura más que importante. Con el paso de los meses, es de esperar que el tema de las estrategias de la industria alimenticia gane lugar en las agendas de discusión pública, que ahora aparecen más que dominadas por otros temas ligados con la percepción del riesgo, como el caso de la fiebre porcina.

Referencia bibliográfica
Patel, Raj (2007) Obesos y famélicos. Globalización, hambre y negocios en el sistema alimentario mundial. Buenos Aires, Marea, 2008.

Anuncios