Catedral de Cajamarca (by morrissey)

Tuvimos varias experiencias de consumidor en Cajamarca, de las buenas, las más o menos y de las malas. Arranquemos por lo positivo. Tanto en Baños del Inca como en los tours la atención fue muy buena, y los horarios se cumplieron. Tampoco tenemos quejas sobre el aeropuerto, salvo que los precios en el lugar son un poco caros y no hay muchas opciones -tampoco se puede pedir mucho, el edificio es pequeño y adaptado a pocos vuelos al día.

Vamos a lo no tan bueno. La casilla de informes se limitó a darnos un mapa, y nada más. No pudimos obtener mucha más información. Para ser un punto turístico, esperábamos un poco más de la ciudad en ese sentido.

Pasemos al aspecto más ligado a lo gastronómico. Es bastante complicado encontrar lugares para desayunar en el centro de Cajamarca en horarios anteriores a las 9 horas. Por suerte, está el mercado, donde pueden comprar pan, queso y jugo a precios económicos, y comer allí o en alguna plaza. A esa hora, hacen falta más opciones. Más tarde, a la hora del mediodía, ya van a encontrar más sitios para almorzar.

Y voy a ejemplificar algo más con la experiencia que tuve con dos locales de una cafetería local: Cascanuez. Somos dos fanáticos del café, y y descubrir este lugar, especializado en café y tortas, era algo muy interesante. Hallamos el primer local en El Quinde, un centro de compras a 10 minutos del centro. Fuimos al local de Cascanuez, y pedimos capuccinos. Respuesta: no hay leche, sólo espressos. ¿En Cajamarca, que es la capital láctea de Perú, no tienen leche? ¿Y cuando a 50 metros hay un enorme supermercado Metro? Ok, pedimos espressos. Algo similar nos pasó en el restaurante El Zarco; mi esposa pidió choclo con queso, y no tenían queso…

Un par de días después fuimos al local que se encuentra cerca de la Plaza de Armas. Llegamos a última hora de la tarde, y mi esposa pidió una porción de torta que justo estaba entera. Respuesta: no podemos vender de esa torta porque quedaría expuesta hasta mañana. OK, suena lógico, un negocio es para ganar plata. Pedimos otra cosa. El café estaba bien.

Le preguntamos al mozo a que hora abrían al otro día. Respuesta: a las siete de la mañana. Perfecto. Como debíamos estar en el aeropuerto a las 8:30 horas para tomar el vuelo, podíamos desayunar rico a las 7:30 horas y 8:15 tomar un taxi, porque el aeropuerto queda cerca. Llegamos al otro día a las 7:30 horas. Cerrado. Nos quedamos dando vueltas 20 minutos. Nada, ni movimientos siquiera para abrir. Nos fuimos al aeropuerto, donde vendían café de máquina y alfajores a precio de oro.

Definitivamente, nuestra “experiencia de consumidores” con Cascanuez fue bastante mala. ¿Casualidad? Supongo, pero por desgracia nos pasaron todas juntas. Y marcan que en algunos puntos, la atención al cliente tiene que mejorar.

Por cierto, una de las cosas positivas de no estar tan “obsesionados por vender” es que los comerciantes en Cajamarca son bastante menos agresivos que en otros lados de Perú. Algo importante si no te interesa comprar nada, claro.

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