Llegada a Cajamarca (by morrissey)

La crisis financiera internacional ha llevado a una caída de la demanda. Y la baja del precio del petróleo, a un descenso bastante pronunciado de los costos por combustible. La conjunción de ambas situaciones debía llevar, necesariamente, a una caída en los precios de las tarifas aéreas, en particular en aquellas regiones donde los modelos de “low cost” no han sido tan populares, como es el caso de América Latina.

Una simple búsqueda por pasajes a ciertos destinos va a mostrar que los valores han caído. En noviembre del año pasado, un pasaje Buenos Aires – New York cotizaba por encima de los 1000 dólares. Hoy se pueden encontrar en menos de 800 dólares. Caídas similares se pueden hallar en pasajes a Europa.

Aún así, los valores siguen por encima de valores que se podían conseguir en 2006, así que no es descabellado pensar que los precios tienen un poco más para caer. Todo esto está un tanto atado a la evolución del dólar; si éste se revalúa frente a las monedas locales, la baja del precio del petróleo perderá algo de su relevancia -porque muchas aerolíneas reciben sus ingresos en monedas locales, que tienen ahora menos valor en dólares.

La mayor parte de la caída de los precios de los pasajes se debe a la eliminación, o sustancial reducción, del “cargo por combustible”, que era una porción significativa de lo que pagaba el pasajero cuando el barril del petróleo estaba por encima de 120 dólares. Pero no es posible hablar de una situación generalizada. Por ejemplo, los precios en Argentina han caído, pero en otros países, como Perú, los valores de los pasajes de cabotaje son bastante menores. Por ello, hablar de caída en los precios de los pasajes implicaría también hacer un análisis país por país. Desde ya, ustedes pueden contribuir con sus comentarios sobre la situación en sus respectivos países. Y de paso, comentar si últimamente encontraron alguna oferta que realmente los haya sorprendido.

Más de uno diría que estamos en un momento en el cuál convendría pensar en viajar. Claro, hay un pequeño problema: la crisis financiera internacional ha causado que muchas personas pierdan su trabajo o hayan visto una reducción de sus ingresos. En semejante contexto, alentar a un mayor gasto no parece ser un consejo con muchas posibilidades de éxito, al menos en los próximos meses.

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