El viernes, varios medios argentinos informaron que una jueza había “prohibido” los alquileres temporarios a extranjeros. Tal como estaba titulada, aparecía como bastante impactante. Pero al ir a la noticia, el tema se hacía menos sensacional. Lo que había sucedido es que el fallo de la jueza impedía a la dueña de un departamento alquilar, de allí en más, su departamento a turistas. Los motivos: que se vulneraba el reglamento del edificio, y que quienes rentaban de manera temporaria el lugar causaban muchos problemas. Por ejemplo, organizaban fiestas hasta altas horas de la noche y molestaban al resto de los vecinos. Entonces, no es una prohibición. Pero sienta un precedente legal.

Pero en varias notas se podían rastrear otros temas también. Uno que aparecía mencionado era el de la “seguridad”. En este caso, que personas “desconocidas” para el resto del consorcio tenían las llaves del edificio, y que éstas pasaban de mano en mano, lo cual “pondría en riesgo” a los consorcistas.

Pero hay un punto más, que es llamativo y en el cuál merece nos detengamos un momento. Cito del diario La Nación:

Las fuentes consultadas también aseguraron que la medida pudo estar haber estado en parte influenciada por presiones que vienen ejerciendo desde hace tiempo grupos del sector hotelero.

Más allá de lo impreciso de la cita (“las fuentes”, sin dejar en claro quien afirmó tal cosa) es muy interesante ver cómo aparece la versión de las “presiones hoteleras”. La oferta de alquileres temporarios de departamentos amueblados es totalmente normal en el mundo, y en Buenos Aires este mercado ha crecido mucho. La razón es que su rentabilidad es muy superior a alquilarle a habitantes locales, que pueden pagar mucho menos en dólares. Pero no todo es lindo en este mercado, que ya se está saturando. No sólo porque hay más oferta; también porque ha caído el turismo internacional en Argentina. Ya hay una caída en tasa de ocupación y en los precios. Aunque según La Nación, un alquiler mensual temporario cuesta casi 900 dólares por mes en San Telmo, y más de 1200 dólares en Puerto Madero.

En el futuro cercano, la rentabilidad, con respecto a lo que pagan los habitantes locales, se va a reducir. Además, para tener una buena tasa de ocupación del departamento, hay que invertir mucho tiempo en promocionar el lugar.

Ahora: ¿en qué lugar aparecería la “presión hotelera”? En el rubro del turismo de negocios, el más buscado, esto no se daría, porque en ese segmento se usan hoteles sí o sí. En el de mochileros, tampoco, porque los precios son demasiado altos y los períodos de estadías un tanto extensos. Quedaría el público de extranjeros que viene a permanecer por una temporada más extensa. ¿Realmente es un público tan masivo como para que los hoteles se preocupen por atacar el segmento de los alquileres temporarios? En el hecho que contaba en el primer párrafo, el problema no es el gremio hotelero. Las dificultades surgen con el consorcio y por los problemas causados por los inquilinos temporarios. Si no causan problemas, y los vecinos no se quejan, no habrá mayores problemas.

Me parece que en este rompecabezas nos faltan unas cuantas piezas para terminar de entender este tema. Sé que algunos hoteleros se quejan de la “informalidad” del sector de alquileres temporarios, y que eso es una desventaja a la hora de los costos. Pero muchos sectores de la Argentina se caracterizan por su informalidad, y llevan décadas sin mayores cambios…

Más sobre el tema:

Palermo y Recoleta concentran la mitad de los alquileres temporarios
Crece la oferta de alquileres temporarios a extranjeros

Y una nota del diario de la provincia de Mendoza, Argentina, donde los hoteleros se quejan de la informalidad del sector de alquileres temporarios:

Los hoteles en el epicentro de la crisis

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