Cuando llega el verano, un sentido común parece imponerse como obvio: es época para cosas livianas, que no preocupen, que no tengan demasiada exigencia para nuestro intelecto. Así, hay que ver comedias románticas, leer libros que terminen bien e intoxicarse con esos programas televisivos hechos desde las playas o los centros vacacionales.

Digo: ¿no es bastante liviano lo que se ve durante el año en los medios como para bajar incluso más las exigencias? Es comprensible que nos desconectemos durante un tiempo de los temas que más seguimos durante el año -digo, si estudiamos sociología, por ahí tenemos ganas de dejar de leer de esas cosas por un tiempo- pero la idea de que “verano” es igual a “consumir imbecilidades” es, digamos, bastante tirana. Digo, hasta hay todo un control social alrededor de aquello de “no hablemos de cosas complicadas”.

Creo, de todos modos, que estoy un poco resentido porque estoy terminando algunas monografías pendientes del doctorado :P .

La imagen que abre la entrada fue tomada por Osamu Uchida y publicada en Flickr bajo licencia Creative Commons Attribution.

Anuncios