Pocos libros me han servido tanto en los últimos años, a la hora de pensar sobre los cambios que provoca la masificación de Internet, como El fin del trabajo, de Jerome Rifkin -que por cierto, ya tiene unos cuantos años en el mercado. Para quienes no lo leyeron, resumo la tesis principal del libro: tradicionalmente, las innovaciones tecnológicas han creado nuevos mercados, pero también han destruido a otros. Entonces, normalmente han destruido puestos de trabajo, pero han creado otros en los nuevos mercados. Pero en la actualidad, el ritmo de las innovaciones destruye mucho más puestos de los que crea, en particular en el campo de los servicios, donde trabajan profesionales capacitados. Rifkin sostiene que el tiempo en el cuál asumíamos que toda persona se ganaría la vida al vender su mano de obra en el mercado estaba llegando a su fin, simplemente porque no habrá trabajo para todos. Frente a ello, en el futuro tendremos que pensar nuevas soluciones para garantizar que buena parte de la población pueda subsistir, como sería, por ejemplo, la idea del “ingreso ciudadano” garantizado por el Estado -tema que por cierto excede por mucho las intenciones de esta entrada.

Pero me interesaba concentrarme específicamente en el mercado de turismo, a partir de un correo electrónico que me envió un lector de la revista USERS, donde hace poco hice una reseña de tres páginas sobre viajes en Internet. En ese correo, el lector me señalaba que varios de los sitios que indicaba o salteaban a las agencias de viajes al vender de manera directa a los consumidores, o alentaba a buscar alojamiento en casas de otros, sin tener que pagar por el hotel (el caso Couchsurfing). La pregunta que él se hacía era: ¿de qué van a vivir los profesionales de turismo si cada vez más gente usa Internet para no pagar por sus viajes?

Uno no puede aquí separarse de la hipótesis de Rifkin: la masificación de Internet está creando nuevos mercados, pero también está destruyendo puestos de trabajo en el sector turismo. Y destruye más puestos de los que crea. Lo que ha cambiado es la cadena de valor, por el cual el papel de muchos intermediarios está dejando de tener sentido. Por el lado del usuario, sería: ¿por qué usar una agencia de viajes cuando puedo comprar de manera directa, y más barato, y ahorrarme la comisión?. Y por el lado de las empresas, como aerolíneas y hoteles, sería: ¿por qué usar una agencia de viajes como intermediaria si por Internet puedo llegar de manera directa al usuario y ahorrarme la comisión del intermediario? Incluso el mercado corporativo, que era un buen nicho para las agencias de viajes, está tercerizando sólo las funciones más complejas, mientras que temas como reservas y pasajes son directamente gestionados por el personal de administración.

Pero el tema no se limita sólo a los agentes de viajes. Otros segmentos, como el del periodismo sobre turismo, van a pasar por problemas similares. Uno de ellos es general para toda la prensa: Internet está erosionando de manera acelerada el modelo de financiación de los medios. Por un lado, los lectores cada vez compran menos ejemplares en papel y se pasan a la Red, donde muchas veces no deben pagar para leer el mismo contenido. Pero, y esto es más grave aún, las publicaciones por Internet sólo obtienen en concepto de publicidad una fracción muy pequeña frente a lo que ganaban con el papel. El cambio tiene su lógica: muchos medios podían pedir altas cifras por publicidad porque sus espacios eran escasos, y sus lectores, muchos. En la Red, se puede tener muchísimos lectores, pero los espacios son virtualmente ilimitados. Ni que decir de la cantidad de competidores, ahora abundantes gracias a que es muy barato producir para Internet. Y hay que agregar algo más: muchísimos usuarios de la Red escriben sobre sus viajes, y lo publican de manera abierta para que se acceda de manera gratuita -y eso se extiende a fotos y videos, claro. Lo malo, para el mercado periodístico, no es únicamente que todo ese contenido sea gratuito; lo peor es que muchos de esos textos, fotos y videos son de una calidad comparable o superior a la que se publica en la prensa profesional.

¿Significa todo esto que no habrá más trabajo en el futuro para los periodistas del sector turismo o los agentes de viajes? Una afirmación así debería ser matizada, porque no es cierto que estos mercados se destruyan por completo. Pero si parece bastante factible decir que habrá muchos menos puestos de trabajo en estos sectores, por razones relativamente simples: ni usuarios ni empresas están dispuestos a seguir pagando por sus servicios. Han aprendido que pueden saltearse ciertas comisiones, o que pueden acceder a ciertos contenidos sin tener que pagar de manera directa.

Sobre el tema de quienes usan la Red para alojarse de manera gratuita en casas de terceros, como hacen los usuarios de Couchsurfing, se puede ser bastante menos categórico. No creo que el crecimiento de ese tipo de redes sociales ponga en riesgo el mercado de hotelería. Francamente, sólo una pequeña porción de los viajeros realmente está dispuesta a alojarse en casas de personas que contactan por Internet, y la mayoría prefiere por mucho, si tiene el dinero necesario, ir a un alojamiento pago.

Esto, claro, no es “el fin de los profesionales de viajes”. Significa que vamos a enfrentar cambios muy profundos en los próximos años en el mercado de medios y de turismo. Y que buena parte de esos cambios significarán pérdidas importantes de puestos de trabajo. Si atendemos la hipótesis de Rifkin, el sector servicios en general perderá, gracias a la masificación de Internet, muchos más puestos de trabajo de los que generará. Claro que se trata de una hipótesis, y que habrá que confirmarla o refutarla en el futuro. Por ahora, lo único que tenemos seguro es la incertidumbre.

Sobre este tema, y en referencia únicamente al mercado de medios en general, ya escribí en mi blog Vida Vacía -y también usé a Rifkin y su libro El fin del trabajo como disparador.

Como siempre, pueden dejar sus comentarios debajo, porque me parece que este tipo de temas es realmente muy opinable, y puede ser abordado desde otros puntos de vista.

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