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Armar la valija o la mochila se ha transformado, en los últimos viajes, incluye una selección interminable de cables, cargadores y conectores varios. El cable de alimentación de la notebook; los cables USB de la cámara y el reproductor MP3; los cargadores de la cámara de fotos, la videocámara, el teléfono y la afeitadora eléctrica; las pilas recargables; el parlante portátil para el reproductor MP3; el cargador portátil para el teléfono y el reproductor MP3; los adaptadores para enchufes / tomas eléctricas… Y la lista podría seguir. Es notable como a medida que adoptamos ciertos dispositivos, no tenemos en cuenta que eso comienza a repercutir cada vez más en las valijas y mochilas a la hora de salir de viaje.

Antes teníamos un ritual de revisión de la casa, que prácticábamos religiosamente antes de salir -desenchufar todo lo posible; cerrar las conexiones de agua y gas; vaciar la heladera de todo lo que pudiera echarse a perder. Ahora tenemos otro ritual: ¿llevamos todo lo que necesitamos para que funcione todo en orden? A ver si nos quedamos sin batería en la cámara y el teléfono un día después de llegar -algo que estoy seguro le pasó a más de uno de los que están leyendo esta entrada.

Al final, en la valija cada vez hay menos espacio para la ropa y los regalos, y más para los cables y otros auxiliares. Y las aerolíneas cada vez toleran menos peso…

Próxima entrada, desde Lima. Me voy a chequear no haber dejado ningún cable olvidado.

La imagen que abre la entrada fue tomada por 91RS y publicada en Flickr bajo licencia Creative Commons Attribution.

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