Lo sucedido en Mumbai la semana pasada es una de las peores novedades en muchos años para el mercado turístico. No se trató sólo de una serie de acciones criminales cometidas en un ámbito urbano; de manera deliberada, los atacantes buscaron entre sus víctimas a turistas y viajeros de negocios. No sólo preferían tomar como rehenes a extranjeros; también pusieron en el blanco a bares frecuentados por turistas y a los hoteles más caros de la ciudad.

Uno de los puntos a debatir es que pasa con la planificación de políticas turísticos en contextos afectados por hechos que muchos se apuran en llamar “imprevisibles”. Frente a la habitual apuesta al turismo como motor de un “desarrollo seguro”, habría que oponer algunas argumentaciones de sentido común. Los atentados en New York, en septiembre de 2001, mandaron a pique todos los números del mercado turístico internacional. Los ataques contra turistas en Egipto hicieron perder a ese país miles de millones de dólares. Y seguramente India tendrá que analizar como pasa los meses por venir, seguramente bastante malos. Y este pequeño punteo pasa por alto las catástrofes naturales, otro tema interesante para analizar, como nos recuerda las consecuencias del tsunami de hace algunos años en el sur de Asia.

El mercado turístico es muy reacio al riesgo. Los turistas suelen escaparle, con bastante razón, a todo peligro. A los operadores turísticos no les interesa en lo más mínimo que alguien se detenga a hablar de los aspectos riesgosos del destino que promocionan, justamente porque saben que tienen mucho que perder. El gran tema aquí es hasta donde se puede apostar por el turismo como vía al desarrollo económico de una zona. Depender demasiado de él puede llevar a un desastre económico apenas el riesgo asome su cabeza de manera demasiado visible.

Como plantea Ulrich Beck, “riesgo no es una catástrofe. Riesgo significa la anticipación de la catástrofe (…) Los riesgos son siempre acontecimientos futuros que es posible que se presenten, que nos amenazan, y puesto que esta amenaza permanente determina nuestras expectativas, invade nuestras mentes y guía nuestros actos, resulta una fuerza política transformadora”.

La entrada del riesgo dentro de las políticas de planificación del turismo es lo último que quieren tener que enfrentar los políticos y planificadores. En un mercado con tanta aversión al riesgo, significa aceptar que se corren una serie de peligros inaceptables para la mayor parte de los turistas, que con sentido común y ganas de preservar la vida, optarán por elegir los cientos de destinos que no se presentan como riesgosos. Sé que muchos dirán “¿hay realmente algún destino seguro?”. Es bastante evidente que no hay destino 100% seguro. Pero una cosa es tener la posibilidad de ser asaltado, y otra la de ser asesinado en un ataque terrorista masivo.

Otros blogs que analizaron el tema de Mumbai: en inglés, The Boot y Gulliver. En español, Oleopolis. En este blog, sobre el tema de turismo y terrorismo, se puede leer Turismo y desarrollo: los contextos imprevisibles y Cuando el desastre es turistico.

Referencia bibliográfica

Beck, Ulrich (2008) La sociedad del riesgo mundial. Barcelona, Paidós (la cita está tomada de la página 27).

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