Pisac

Como contábamos ayer, en los últimos años las autoridades peruanas han buscado evitar que la demanda turística en Cusco termine por causar daños severos a las ruinas arqueológicas de la zona, que no soportan tanta masividad. La estrategia ha sido controlar la demanda mediante un constante aumento de precios, que desde hace años supera largamente la inflación peruana. De hecho, los costos se han incrementado sensiblemente cuando los medimos en dólares. Esos aumentos se pueden encontrar en todos los servicios donde la prestación monopólica hace posible esas medidas por parte del Estado, o al menos sin que éste se oponga -por ejemplo, en los constantes aumentos del precio del tren que une Cusco y Machu Picchu.

A primera vista, parece una decisión estratégica adecuada desde el punto de vista de los negocios. Los precios, al subir de manera constante, reducen la cantidad potencial de visitantes, y además deja sólo a quienes pueden pagar más. El destino recauda más, y tanto el Estado como los privados celebran la mejora económica.

Pero tal estrategia tiene un problema serio a largo plazo: conformar un destino para el turismo de mayores ingresos es, justamente, apuntar a aquellas personas que en sus viajes requieren de mayor infraestractura. Por ejemplo, los que consumen mayores recursos como agua y electricidad. A la larga, la decisión de limitar la demanda mediante precios que lleva a concentrarte en la clase de turistas que mayor impacto causan sobre el medio ambiente, con lo que probablemente las ruinas arqueológicas sigan en pie, pero la ciudad tenga cada vez más dificultades para abastecer de servicios a los viajeros de altos ingresos. Salvo que el Estado comience a invertir fuertemente en infraestructura. Claro que ahí hay una deducción bastante simple: ¿cuánto deberá invertir el Estado peruano para modernizar esa zona del país? ¿No sería más razonable que use el dinero ganado en mejorar la calidad de vida de los ciudadanos de su país?

Los límites a la idea de reducir la demanda mediante precios ha funcionado por ahora, pero me pregunto por cuánto tiempo lo hará. Hoy se usan las “razones medioambientales” para justificar las alzas de precios; me pregunto si también las usarán a la hora de dar cuenta que, muy probablemente, las limitaciones al turismo en Cusco ya no podrán pasar centralmente por los precios, y que habrá que apelar a otros mecanismos.

La imagen que abre la entrada la tomé en Pisac, Cusco, a principios de 2005.

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