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Hace algunas semanas atrás, muy poca gente se hubiera animado a pronosticar que el precio del petróleo caería. Más bien, las perspectivas eran bien distintas, y hasta había analistas de mercado que se atrevían a decir que a mediano plazo el barril de petróleo cotizaría a 200 dólares, gracias a la sostenida demanda de los países emergentes, en particular China e India. Desde ya, semejante valor del crudo llevaría a los valores de pasajes aéreos y de transporte terrestre a valores mucho más altos. Y eso repercutiría en todo el mercado turístico, porque precios más altos implicarían menor demanda por parte de los potenciales turistas.

Pero lejos de seguir su subida imparable, en estas dos últimas semanas el valor del barril ha caído de una manera bastante impresionante. Desde su máximo de 147 dólares, ahora cotiza a unos 66 dólares. Eso, al menos al momento en que escribo esta entrada. En estos días, la OPEP, que representa algo menos de la mitad de la extracción mundial, recortará su producción para mantener los precios.

Para aquellos que ya estaban viendo con mucha preocupación el constante aumento de los pasajes del transporte, esta caída seguramente será vista con cierta tranquilidad. Pero los efectos de la caída del petróleo van a tardar en llegar al mercado de viajes.

Desde hace un par de años buena parte de las grandes aerolíneas soporta sustanciales pérdidas de dinero. Con el barril a 147 dólares, no les quedaba otra que subir el precio del pasaje. La caída del crudo no se va a trasladar rápidamente al valor del ticket no sólo porque puede ser un tema transitorio; también porque las empresas aéreas no estarán nada molestas con mejorar el margen de rentabilidad.

Lo planteado en el párrafo anterior se puede arruinar si la recesión de los países centrales se profundiza y cae la demanda de manera demasiado abrupta. En ese caso, probablemente logremos ver rápidos recortes de precios. De todos modos, esto no es más que una hipótesis; a pesar de los aumentos en las tarifas, no se ha notado por ahora ninguna caída sustancial en la demanda de pasajes. Además, los vuelos en los últimos cinco años han salido más llenos que nunca, y las tasas de ocupación no han parado de crecer. No creo que las empresas quieran perder esas marcas.

Al menos, es de esperar que la caída del valor del petróleo frene la tendencia alcista en los precios del transporte de los últimos meses. Porque de seguir ese ritmo, era más que evidente que la demanda iba a caer. Sorprendentemente para muchos, ahora el mayor tema de preocupación es la evolución de la economía internacional antes que el precio del barril de petróleo.

La imagen que abre la entrada fue tomada por didbygraham y publicada en Flickr bajo licencia Creative Commons Attribution.

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