Paris Las Vegas

Mucho hemos insistido, en los últimos años, en las posturas teóricas que buscan pensar al viaje como “experiencia”. Eso no sólo se da desde las ciencias sociales; es algo que se nota en el marketing y en la venta de viajes. Lo que importa es cuál será la experiencia del viajero, y eso es lo que se vende como parte del destino. Y tal enfoque seguramente va a ganar más terreno en los próximos años, en particular si se cumplen las predicciones que señalan que estamos llegando al final de un modelo específico de turismo, una teoría englobada bajo la etiqueta de “Tourism Time Bomb”.

Resumo la idea básica (pueden ampliar el tema en el enlace que se encuentra al final de la entrada): de los 800 millones de viajeros internacionales actuales, pasaremos a 1600 millones para 2020. Con tal tasa de crecimiento, muchos destinos, en particular los ecológicamente más precarios, tendrán que limitar de manera muy fuerte la cantidad de turistas a recibir. Un caso muy obvio en América Latina es Cusco y Machu Picchu, donde ya hay límites estrictos en el Camino del Inca, y más adelante también los habrá en la ciudadela. Galápagos, en Ecuador, entre en la misma categoría. Tales restricciones tienden a elevar el precio de estas atracciones turísticas; las vacantes son limitadas, y con el tiempo quedarán reservadas a quienes puedan pagar una buena suma por tales visitas -algo que ya está pasando, y que en este blog he explorado en varias entradas sobre Cusco -por ejemplo, este y este enlace. El crecimiento de la demanda turística, además, va a traer aparejado más dificultades, como aumento de precios, colapso del transporte aéreo, que tendrá serias dificultades para absorber semejante demanda, y otros problemas. La idea de fondo es que, llegado ese punto, el mercado turístico habrá llegado al límite de un modelo basado en la movilidad ilimitada de quienes pueden pagar sus viajes, y habrá que comenzar a establecer limitaciones, tanto por temas ecológicos como por falta de infraestructura.

Tales limitaciones, en tanto viajeros, no nos caen nada bien. Justamente, porque el aumento de precios en esos destinos, más las limitaciones a la llegada de turistas, aparecen como trabas a la movilidad. Pero desde otros lados no se lo piensa sólo como algo negativo. Como toda crisis, puede brindar oportunidades de negocios, como exploran en InvestorCentric (en inglés). Por ejemplo, hay un gran campo para destinos que se planteen como reemplazos de otros más lejanos y caros. Por ejemplo, una Hawaii en China (el caso de Hainan) o diversas “Las Vegas” en varios sitios en todo el mundo. Al fin y al cabo, si lo que importa es la experiencia y no tanto “la autenticidad”, lo que viven los turistas en un sitio puede recrearse, y por costos más accesibles.

Seguramente muchos turistas preferirían visitar los “lugares auténticos”. Pero en tanto el acceso a esos sitios comience a ser cada vez más difícil y caro, tendrán que comenzar a contentarse con otros más cercanos y económicos. Allí, claro, hay una gran oportunidad de negocios, y la oportunidad de establecer demandas turísticas más sustentables, con menor exigencia de aerolíneas y transporte. La existencia de un modelo que se basa ya en la copia para crear un destino original, como es Las Vegas, es ejemplo de que se puede tener éxito en este tipo de negocios.

Sí, ya sé: como viajeros, no suena nada bien. Pero ya estamos viendo como los precios del turismo han comenzado a escalar -chequeen los precios de los vuelos, o de los hoteles en las grandes ciudades con mucho turismo- para tener claro que es cada vez más difícil convencer al bolsillo de nuestras necesidades de “autenticidad”.

Para leer más del tema: Los limites del turismo

La foto que abre la entrada fue tomada en Las Vegas por http2007 y publicada en Flickr bajo licencia Creative Commons Attribution.

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