En las últimas semanas, han aparecido varias noticias que apuntan a una desaceleración del crecimiento del segmento de viajeros de negocios, uno de los más rentables de la industria. Una de las razones es el aumento de los costos, debido a la inflación y a la suba de los precios de los pasajes. Las consecuencias, desde ya, son importantes. Hay que sumar otros problemas: las aerolíneas en Estados Unidos siguen con fuertes pérdidas, debido a los altos costos del petróleo, y algunas cadenas hoteleras han comunicado que esperan menores ganancias.

A pesar de ello, la industria de los centros de convenciones siguen en alza. 40 ciudades en América del Norte están construyendo o ampliando esos centros de recepción de viajeros de negocios, con la intención de atraer más eventos. Desde ya, parece bastante notable que esas ciudades hagan esas inversiones, en muchos casos con fondos públicos, para posicionarse agresivamente en un mercado que parece tener no tan buenas perspectivas en los próximos años.

Claro que esta película ya la vimos, en particular en Estados Unidos. Ya en la década del ’80 se había vivido una burbuja turística similar. Impulsado por el recorte de las transferencias federales, muchas ciudades buscaron lograr nuevas fuentes de ingresos. Y uno de los sectores a los que se apuntó fue el turismo. Por desgracia, muchas ciudades estadounidenses usaron la misma fórmula: construir grandes centros de convenciones, nuevos estadios deportivos, reciclaron algún barrio tradicional, e impulsaron gigantescos centros de compras. Ya en ese momento los resultados no fueron muy buenos; muchas ciudades se encontraron que, para atraer nuevos eventos de negocios, debían incluso subsidiar estos congresos. Si bien el impacto sobre el resto de la economía podía ser positivo, se trataba de un costo no planificado.

Sobre el tema de las ciudades estadounidenses y los centros de convenciones, hablamos en este blog en la entrada Burbujas turisticas. Sobre la actual burbuja de centros comerciales, se puede ver un artículo en el diario canadiense Globe and Mail y en el blog Gulliver de The Economist.

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