En esas largas esperas que te tocan en los aeropuertos, una de las pocas actividades que me divierten un poco es revisar las librerías. Por lo general, en la zona de New York / New Jersey, son siempre de una firma llamada Hudson. No tienen gran cosa, aunque al menos tienen un sector para No Fiction, revistas y diarios. La semana pasada, mientras daba una vuelta por el JFK de New York, encontré en una de esas librerías Persépolis, la historieta de Marjane Satrapi, que hace tiempo quería comprar -incluso han hecho una película con el libro, pero no la he visto. Así que lo compré y me fui a la sala de embarque a esperar. El libro compila la historieta completa, que cuenta, desde los ojos de Satrapi, la historia de Irán desde poco antes de la caída del Sha, y la primera década del gobierno islámico chiíta.Aclaración: para quienes no leyeron el libro o vieron la película, el párrafo de abajo revela algunos detalles de la historia.

Tres horas después de despegar de New York, ya había terminado el libro. La primera parte, cuando ella es niña, y debe crecer en un Irán en crisis, en el medio de la caída del Sha y el ascenso al poder de los sectores religiosos ligados con el Ayatollah Khomeini, es formidable. Para ser sincero, es mucho mejor que leer un libro de historia -o al menos, más entretenido. El cruce de los detalles de la vida cotidiana, la política, la mezcla entre religión y revolución, hacen que en esas páginas Persépolis brille. La segunda parte, cuando la protagonista viaja a Europa, es interesante, pero ya no tiene el ritmo de la primera parte, aún cuando es clave para la sección final del libro. La tercer parte, donde ella regresa a Irán, recupera mucho del interés, en particular por la constante represion ejercida por la “revolución islámica” sobre la población iraní.

Hay varias cosas que me llamaron mucho la atención en la lectura de Persépolis. La primera, la manera en la que una clase media con marcado carácter progresista y de izquierda es virtualmente aniquilada por la represión del Sha, primero, y de los sectores religiosos después. Y todo ello, marcado a partir de la historia de su familia y amigos. Segundo, la construcción de la alteridad entre “persas” -iraníes- y “árabes” -que en la historieta aparecen sobre todo encarnados por los iraquíes, con quienes Irán sostuvo una larga y completamente inútil guerra de más de ocho años. Al menos en estas partes del mundo, los iraníes suelen ser englobados dentro del colectivo “árabe”, en particular por los medios, y es bueno ver como la alteridad se puede construir desde otras relaciones.

Si tengo que elegir un detalle que me gusta de Persépolis, es su concentración en la vida cotidiana. Así, en la primera parte puede leerse la efervescencia política a partir de la participación de su propia familia en las protestas. Y en la última parte, la derrota de esa clase media laica se puede observar en la concentración en las “pequeñas rebeldías” -la ropa, el pelo, el sexo- antes que por la pelea política a mayor escala -algo imposible, por cierto, en tanto el gobierno islámico de Irán se había ocupado de eliminar a todos sus oponentes, ya sea mediante la cárcel, el asesinato o el exilio.

La historieta tiene traducción al español hecha por la editorial Norma, pero desconozco que tan buena es -de hecho, jamás vi el ejemplar, ni como se editó. La película fue estrenada en España y América Latina. Es más que recomendable, aunque muchos de sus pasajes son realmente muy duros y difíciles de leer. Pero es una buena forma de acercarse a la historia reciente de Irán.

Referencia bibliográfica

Satrapi, Marjane (2003) Persépolis. New York, Panteon Books (la edición original es de 2000, en francés).

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