Algunas semanas atrás, comentaba sobre un hecho que me parecía bastante interesante: lo mal que se estaban posicionando las revistas de viajes en español en Internet. Muchas de ellas no tienen casi propuestas; apenas si publican alguna nota, o sólo se limitan a dar a conocer el índice de contenidos. Y no mucho más. ¿No es hora que las revistas de viajes comiencen a innovar, sobre todo cuando hay una segura certeza que las ventas en papel van a comenzar a bajar en el futuro cercano?

Un ejemplo interesante es Good, una revista que encontré en el aeropuerto JFK de New York. La compré porque se trataba de un número especial dedicado a viajes, pero la revista aborda diferentes temáticas en cada salida bimestral. Hay varias novedades en Good. Primero, que compran las notas a sus autores por sólo seis meses; luego, ellos pueden usarlas para lo que quieran. Mientras están en poder de Good, están bajo licencia Creative Commons en Internet; luego, los autores deciden que hacer, aunque ellos los alientan a conservar el mismo licenciamiento. Dos, cada vez que alguien se suscribe, el 100% de ese pago va a una ONG de una lista que se publica en el sitio de Good. Tercero, tienen un excelente sitio Web, que complementa de manera muy inteligente el excelente diseño de la revista.

La pregunta, claro, es: ¿de qué vive Good? En principio, de la publicidad, que tiene, y mucha. Pero, a pesar de su importante vinculación con las ONGs, es una empresa que debe tener rentabilidad para sobrevivir. Sé que me dirán que no es un modelo repetible fuera de Europa Occidental o Estados Unidos, y que en América Latina, por ejemplo, no se podría llevar a cabo. Y se trata, claro, de un razonamiento bastante fundado en nuestra experiencia. Pero lo que me interesa marcar es como Good tiene una serie de innovaciones destinadas a plantear su viabilidad a futuro. ¿Por qué comprar notas y no permitir su difusión en Internet, si con eso se cercena sus posibilidades de ser leídas por más personas? ¿Por qué asegurarse derechos de autor a perpetuidad si el contenido pierde actualidad rápidamente y además, quieras o no, terminará siendo publicado en la Red? ¿Por qué no permitir, pasado un lapso de tiempo, que los autores usen sus propios textos para lo que quieran?

A todas esas preguntas, le tienen que sumar que la revista realmente ha pensado a Internet como parte de un proyecto global. Lejos de partir del modelo “armamos la revista en papel y después vemos que hacemos con la Web”, en Good ambos lados son vistos como parte integral del mismo planteo editorial.

¿Falta mucho para que veamos proyectos editoriales sobre viajes en España y América Latina que tengan en vista que la Web y el papel deberían formar parte del mismo planteo? Porque, de otra manera, vamos a quedarnos en lo mismo de siempre: proyectos en papel que asumen que para lo único que sirve la Red es para canibalizarle las ventas. Y que, por ello, no publican casi nada en la Web, y la desaprovechan como plataforma de negocios. Si se niegan a entrar en ella, entonces después no se quejen cuando los usuarios escaneen la revista y la suban a una red de P2P para que la baje quien quiera.

Si quieren ver las notas del número sobre viajes de Good, vayan a este enlace (voy a comentar alguna mañana). Sobre el tema de la relación entre revistas de viajes e Internet, pueden ver esta entrada anterior de Blog de Viajes: Papel e Internet, de la grafica a lo virtual

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